El Forastero — 19 Diciembre, 2013 at 2:37 pm

“De vez en cuando necesito dejar de ser Évole y volver a ser el Jordi”

Jordi Evole

Sergio Castro @scatrosalillas

Jordi Évole, el primer Forastero de AÑO IMPAR, habla con orgullo de sus orígenes en Cornellá, la ciudad catalana en la que nació hace casi 40 años; con mucho mimo de “Salvados”, la ventana televisiva desde la que se asoma todos los domingos por la noche para tratar de desenmarañar la extraña realidad; con enorme gratitud sobre la suerte que ha tenido estos años, “cuando pudo no haberme acompañado”; y con algo de desasosiego si sale a relucir el desgaste que el personaje infringe a la persona, una batalla que nunca buscó y que quizá no gane nunca. Nos lo cuenta en un restaurante japonés, donde contrasta su frugal apetito (apenas una sopa de miso y unos makis que no acaba) con su desaforada gula por engullir información, esa que alimenta incesante su curiosidad, inmensa.

Empecemos por la identidad. Tú naciste en Cornellá, ¿Cómo te ha condicionado vivir y crecer allí?

Yo, que no soy muy partidario de patrias, sí que soy sin embargo muy de patrias chicas. Y lo que más me identifica con la palabra patria o lo más parecido a eso es Cornellá. Y lo digo por la mezcla que hay allí, porque es un lugar que ha sabido convivir muy bien con el paso del tiempo, y porque en ayuntamientos como el de Cornellá todavía no han aparecido partidos xenófobos. Todo eso ha provocado un caldo de cultivo con el que me siento muy cómodo, aunque actualmente ya no viva allí, aunque sí muy cerca.

¿Es un buen ejemplo para los tiempos que estamos viviendo?

Sí. También te diré que seguramente si esta entrevista la lee algún vecino del barrio de San Ildefonso de Cornellá que ha visto como su escalera cambiaba de vecinos en los últimos quince años, y que ahora el único vecino de toda la vida es él y el del segundo tercera, porque el resto de la escalera son latinoamericanos o magrebíes, me diría que para mí es fácil decirlo porque me he ido a vivir a un sitio más cómodo, pero que esa convivencia es difícil; que han tenido que abrirse a otras culturas y otras miradas, que hay que currar mucho esa convivencia para que sea real. A mí esa gente me parecen héroes, la verdad, porque eso no es sencillo.

¿Allí se nota mucho el peso de la inmigración?

El desembarco de la inmigración allí ha sido potentísimo y, sin embargo, toda la apariencia que dan muchos barrios de Cornellá es que si la convivencia entre todos no es modélica sí es aparentemente modélica, sobre todo si se compara con otros lugares de Cataluña muy próximos.

Tú has manifestado en distintas ocasiones tu opinión sobre el futuro de Cataluña. ¿Te has encontrado con dificultades para ser comprendido por uno y otro bando? ¿A veces te has sentido como un ser “tibio” en esta cuestión?

En una guerra (ojo, es solo un símil) lo primero que se quieren romper son los puentes y para la gente que estamos un poco en medio, que no tenemos una opinión muy, muy definida, somos vistos a veces como especies raras. Te dicen: “¿Pero cómo es que no te has posicionado?”. Pero no sé, no me he encontrado con esa incomodidad que puedes sugerir.

¿Y viajando por España has notado ese enfrentamiento?

Mira, yo creo que aquí la hemos cagado todos un poco. Por un lado, en algunos casos, creo que en Cataluña se ha puesto mucho la lupa en el garrulismo de España, cuando la España que yo he tenido la suerte de conocer no es garrula. Hace falta conocer más lo bonito de otros sitios…, cuando tú ves que  en Madrid se ha criado alguien como el Wyoming, como los Trueba, como Juan Diego Botto, piensas que igual no nos están contando todo. Y luego en España ha habido como una especie de “bueno, ya se arreglará” y se han dado una serie de actuaciones incomprensibles por parte de los gobernantes, más que de la gente. Y si tú todo eso lo acompañas con una campaña mediática de los medios afines a los gobiernos que han hecho mucho ruido con ideas como: “Es que los catalanes no hacen más que pedir y solo quieren más y más y más”, y al final no atiendes a lo que te están pidiendo, pues eso termina siendo un matrimonio que busca soluciones a su relación, que muchos sectores le niegan.

Hablemos de periodismo. ¿Cómo surge esa pasión por querer dedicarte a contar historias?

Eso es algo que me viene de familia, pese a que no tengo ningún pariente cercano que se dedique a esto. En mi casa siempre ha habido mucho interés por la información y se ha ejercido el periodismo aunque haya sido de una manera amateur por parte de mi padre o de mi abuelo, que siempre publicaron artículos. Mi padre hacía un periodismo muy social, muy de barrio, muy de explicar lo que pasaba entonces en la periferia de Barcelona y en esos barrios recién construidos en los años 50 y 60. Tiene reportajes denunciando el estado lamentable en el que estaban esos barrios: sin alcantarillados y ningún tipo de escuela pública para los chavales. De todo eso me acaba a mí saliendo la vena esta.

Jordi Evole

Pero entonces tu padre trataba los mismos temas que tú ahora, era cómo tú pero sin un gran altavoz.

Sí, exactamente, mi padre hacía una especie de pre Salvados. Fíjate, recuerdo una vez que escribió un reportaje sobre un barrio de barracas que había en Sant Vicenç dels Horts y al poco tiempo le llegó una “cartita” que no sé si era del Gobernador Civil de la época o alguien parecido en la que le decía: “Pero hombre… ¿Qué hace usted publicando eso?”.

Casi como en el famoso programa de las eléctricas. Y de un padre peleón y comprometido surge el hijo periodista…

Sí, pero espera, en todo esto de las trayectorias profesionales suelo olvidar casi siempre una experiencia que en mi caso fue capital: mi paso por la televisión local de Viladecans. Allí gané mucha experiencia, aprendí a levantar un tema, a picar piedra; era un lugar en el que tú te hacías la grabación, la edición, la locución e incluso a veces acababas presentando el informativo de aquel día. Aquella fue una escuela impresionante, hasta tal punto que lo que hacemos en Salvados es muy parecido a lo que hacíamos entonces, solo que ahora con unos medios impensables.

Y llega Salvados, una experiencia que te ha cambiado la vida ¿Cómo has vivido el proceso de crecer con un programa como éste?

Si a mí me hubieran dejado hacer en la Facultad el programa que yo quería se hubiera parecido mucho a Salvados. Pero en realidad hay una cosa que no puedo obviar: yo he tenido mucha suerte siempre. También es cierto que soy bastante currante, pero he tenido a mi favor ese factor que otra mucha gente no tiene.

¿Qué clase de suerte?

Bueno, pues desde encontrarme con un equipo que me supera en muchas facetas, capaz de aportar cosas que yo sería incapaz de proponer en determinadas áreas, hasta la circunstancia de que una televisión te coloque un domingo por la noche y te dejen crecer. Dejar crecer un programa así era muy complicado para cualquier directivo, lo fácil hubiera sido decir: “Bueno tíos, ya está, esto se acabó”.

Salvados a Ciutat Meridiana

El primer forastero de Año Impar durante un rodaje en Ciutat Meridiana (Barcelona)

Si hubiera que buscar un punto de inflexión, ¿Cuál sería ese momento en el que Salvados pega el salto, va más allá de la ironía y se convierte en lo que es ahora? ¿Serían quizás los programas sobre ETA?

En el contenido sí, pero el clic, en lo que se refiere a la respuesta del público, no. Eso lo hicieron otros programas. Recuerdo que en un mismo programa entrevistamos a Iñaki Gabilondo y a José Bono. Estábamos haciendo programas donde las entrevistas duraban 3 o 4 minutos, de ponto esas entrevistas al verlas montadas se nos iban a 8  ó 10 minutos cada una; fue cuando pensamos “joder, pero esto es muy interesante”, y las emitimos tal como las habíamos editado. Por suerte la audiencia respaldó ese cambio. Después estuvo también un programa que grabamos en El Ejido, en el que todavía había mucho “jiji jaja”. Allí grabamos una secuencia en una rotonda a la que acudí de madrugada para ver cómo la gente que tiene tierras pasaban con los coches para recoger a inmigrantes sin papeles que estaban allí plantados para ver si les daban trabajo. Entablé un diálogo con un inmigrante, que ya sabía que nadie lo iba a recoger.  Hubo un momento en el que estábamos callados y él estaba allí, al lado mío, como canturreando algo… recuerdo que era una secuencia durísima, que te ponía la piel de gallina. Cuando la vimos en edición nos dimos cuenta que Salvados ya no podía seguir siendo lo que había sido hasta entonces.

¿Había una idea de hasta cuánto se podía cambiar?

No, porque si ves la evolución del programa durante los seis años de emisión, hay hasta seis o siete formatos diferentes dentro de Salvados. Hemos hecho pruebas con fuego real, es decir, seguíamos emitiendo cada domingo, pero cambiando cosas. Era como hacer programas pilotos pero saliendo en antena. Apostamos por innovar, por buscar cosas distintas, por ver dónde están nuestros límites… ver hasta dónde podemos llegar. Y me gustaría que eso no parase nunca, que siempre tuviéramos ese gusanillo por ver hasta dónde podemos ir.

Hay una cosa que llama la atención de Salvados y es que es uno de los pocos programas que al reinventarse sobre la marcha, decide apelar al “Guardiolismo”, por utilizar un término futbolero que te agradará, y empieza a contar historias dando la misma importancia tanto al “qué se cuenta” como al “cómo lo quiere contar”. No sé si lo ves así…

Estoy totalmente de acuerdo, yo no sabría explicarlo mejor. Creo que en el fondo a través de muchas influencias nos hemos creado nuestro propio ideario de “la Masia”. Hay influencias más ortodoxas, como podría ser el “30 Minuts”, pero hay otras influencias más heterodoxas: desde el espíritu gamberro del “Caiga quien caiga” a las ganas de innovar estéticamente que han aportado las series televisivas que han causado furor en los últimos años y que, entre otras cosas, nos han llevado a la idea de que cada programa tenga una cabecera diferente. Eso en televisión no se da, solo se ve en Salvados. Claro, eso tiene un curro muy grande y solo lo puedes hacer porque hay una entrega en el equipo que te permite hacer esas cosas. “Salvados” no será eterno, no siempre estaremos ahí arriba, no siempre vas a poder hacer un programa como el del accidente del Metro de Valencia, pero mientras dure hay que aprovecharlo, porque es un momento maravilloso de creación, con todos sus sufrimientos, que los tiene, por supuesto.

¿Tú cómo has vivido dentro de ese cambio la percepción que desde el mundo periodístico ha tenido Salvados? ¿Se ha entendido bien ese cambio desde la profesión?

Hubo un momento inicial, cuando hacemos el giro, en el que tomarnos en serio fue complicado. Tuvimos que hacer muchísimos programas, yo creo que eso es una fase bastante superada. No del todo, pero bastante superada. Por ejemplo, yo recuerdo dos cosas de una entrevista a Eriguren, donde él marca por primera vez la hoja de ruta que va a hacer ETA hasta dejar las armas. La primera es que un día antes, hablando con Antonio Basagoiti, le dijimos que íbamos a ver a Eriguren y nos dijo: “Él no te va a contar nada, sabe mucho pero no te va a contar nada”. La segunda fue un comentario que apareció en El País después de que se emitiera el programa en el que se leía algo así como: “Eriguren hizo unas declaraciones muy reveladoras, lástima que lo hiciese en el formato equivocado”. Esas cosas cuando las lees te duelen un poquito y al mismo tiempo te da un poco de rabia la gente que se dedica a repartir carnets de periodistas. Eso ya se ha superado, creo.

¿En qué medida la crisis ha condicionado a Salvados? ¿Ha sido un campo abonado para que creciera el programa?

Yo creo que la coyuntura nos ha favorecido, también es verdad que nosotros empezamos a hablar muy pronto de la crisis. Cuando estábamos con el “jiji jaja” ya había una sección en el programa que se llamaba “Desesperados por la crisis” en la que una pareja hacía todo tipo de cosas para sacar fondos porque lo estaba pasando mal. Lo que pasa es que siempre se vinculaba al humor e incluso a la provocación. Por ejemplo, hacían striptease en el metro para ganar dinero y cosas así. Yo creo que si Salvados hubiera seguido por ese camino habría habido mucha gente que se hubiera cabreado y mucho. Sin embargo, eso se aceptaba porque la crisis se veía como “esto tranquilos, que es sólo un resfriado”. Esta sección la sacamos en octubre de 2008, hacía un mes que había caído Lehman Brothers y ya teníamos la sensación de que estaba pasando algo en el país. Después, el tratamiento que se ha hecho de la crisis ha sido muy diferente. Hemos querido profundizar, encontrar responsables, explicar los porqués… intentar, ya no que no se vayan de rositas, porque el 90% se van a ir, pero al menos darles un buen pescozón y que sepan que lo sabemos.

Santiago Segurola dice que el día en que el periodismo de opinión le ganó la batalla al periodismo informativo lo hizo peor. ¿Tú detectas una excesiva politización del periodismo?

Creo que muchos periodistas están ejerciendo de portavoces de partidos que no tienen quién de la cara por ellos. No se le escapa a nadie que hay tertulias donde hay personajes hablando en nombre de unas siglas, que no hablan por ellos o hacen columnas libres de opinión. Igual  simplemente se lo creen y punto, pero creo que a veces también se buscan los réditos que te puede generar enarbolar una bandera. A mí me fascina ver cómo hemos convertido el país en una especie de tertulia permanente: a primera hora en las radios, las televisiones más tarde, por las tardes de tertulia política al corazón, por la noche volvemos a la política y, ya a última hora, la tertulia deportiva… ha llegado un punto en el que tú puedes atravesar España de tertuliano en tertuliano sin pisar el suelo. Debe ser un fenómeno inédito en el mundo; esta capacidad de sentar en una mesa a tres de un bando y tres de otro y que se arreen entre ellos es fascinante, yo creo que pensamos más en el espectáculo que en la información.

¿En líneas generales la televisión es espectáculo y el periodismo hay que buscarlo en otro lado?

Fíjate la contradicción, a mí me han dicho muchas veces que hacemos periodismo espectáculo. ¿Esto? Pero si es una cámara bastante fija, una charla cercana, de preguntas… ¿y no lo es una tertulia que tienes montada en tu programa de televisión o de radio? Yo creo que hay que darle la opción al espectador de que elija otros espacios que no formen parte de esa tan descarada cultura de televisión del espectáculo. Está demostrado de si das tiempo a otro tipo de programas la gente acaba viéndolos, pongo a Salvados como ejemplo. Salvados en la rifa del triunfo no tenía casi ningún boleto, el hecho de que haya habido directivos que nos aguantaran y que hayan tenido paciencia con nosotros es la demostración de lo que digo. Esa paciencia es imprescindible para que otros formatos más arriesgados arraiguen y se salgan de lo habitual.

Tú, que eres un enamorado de las nuevas herramientas… que va con el Ipad a todas partes, hasta el punto de que podría considerarse un Labordeta 2.0, ¿Cómo has vivido la irrupción de las nuevas tecnologías?

Fíjate tú, lo del iPad en el programa nace porque nosotros no nos hemos querido olvidar del entretenimiento. El equipo de Salvados es muy variopinto: hay quien viene del humor, otros del cine, otros del periodismo más ortodoxo, otros del entretenimiento… y el iPad no deja de ser ese pantallón que tienen en los platós donde se emiten imágenes que ve el invitado. No sabíamos cómo hacerlo y al principio íbamos a los rodajes que parecíamos un circo, llevábamos de todo… la tableta lo solucionó todo, nos facilitó mucho la vida.

¿Y twitter? ¿Forma ya parte de la manera de contar Salvados? ¿Es como un brazo que se extiende del programa?

Yo creo que no tenemos todavía perspectiva para saber qué han significado las redes sociales, la doble pantalla, a la hora de ver programas de televisión. Desde luego que para nosotros ha sido muy importante, porque cuando todo esto empezaba fuimos de los primeros en subirnos a ese carro y utilizar hashtags… En ese momento había mucha fascinación por esa nueva herramienta y nosotros, que hacíamos audiencias muy modestas, empezamos a ser noticia porque las noches de los domingos éramos trending topic. Fue gracias a eso como conseguimos tener notoriedad. Twitter era minoritario por entonces, pero como muchos periodistas sí que lo tenían, nos dio eco. Yo recuerdo que la primera vez que utilizamos el hashtag para jugar con la audiencia fue aquel día que le pedimos a Rajoy y Rubalcaba que apareciesen en Salvados. En el programa yo salía poniendo un tweet para pedirles que nos dieran una entrevista. Antes de empezar el programa llamé a Juanlu de Paolis, coordinador de guión del programa y le pregunté: “Oye ¿hacemos un hashtag para ver si la gente se engancha?”; pusimos #RajoyrubalcabaenSalvados, lo lanzamos media hora antes y fue ponerlo y aquello fue una lluvia de comentarios; a la mañana siguiente nos llamaron de las radios, Rubalcaba contestó la misma noche y se vio que utilidad podíamos darle a esa herramienta. Al final acabaron viniendo los dos, aunque creo que hoy en día no volveríamos a pedir una entrevista vía twitter.

¿Y en la época del Évole de un millón de seguidores qué queda de los cuatro o cinco amigos de Cornellá? ¿Es complicado compaginar la parcela mediática con tu vida privada?

Yo no lo llevo muy bien, lo llevo con susto, me cuesta gestionar todo esto. Incluso, a veces, solo pensar en la palabra “gestionar” ya me da rabia. Pienso: “Yo qué narices tengo que gestionar”, tengo que ser como soy y decir lo que pienso. Si no gusta, pues mala suerte. Pero te carga de responsabilidad, sabes que ahora cualquier cosa que haga es susceptible de convertirse en noticia y eso… es un poco un lastre. Entonces es cuando vuelves a Cornellà y estas con los tuyos y ves que les importa un bledo el twitter, que la mayoría no sabe que son trending topics y que Salvados lo ve uno de cada cuatro… pero uno de cada cuatro programas, quiero decir. Yo creo que a veces es muy bueno darse un paseo cuando estás muy preocupado por algo que has hecho y crees que sólo se está hablando de eso. En esos días, cuando puedo, yo me bajo a ver a mis padres a Cornellá y entro en el bloque. Poco a poco te vas encontrando a una vecina y a otra y ninguna te pregunta o te insinúa algo de aquello por lo que tú estabas tan preocupado y que te pensabas que todo el mundo tenía en mente- Es una cura de humildad maravillosa que va muy bien para decir “hostia nen, bajemos la pelota, que tampoco es para tanto”. De vez en cuando necesito dejar de ser Évole y volver a ser “el Jordi”.

¿Y en líneas generales con qué consigues desconectar más fácilmente?

Me cuesta  mucho desconectar, pero lo hago con mi hijo. Nos hemos inventado una cosa para poder jugar al fútbol en casa sin romper nada: el “Angry Fútbol”. Jugamos con un peluche del videojuego y así no rompemos ni lámparas, ni cuadros… que ya había pasado alguna vez. Con eso me evado mucho, la verdad. Con la otra cosa que consigo desconectar es yéndome en coche a la montaña. Hay mucha gente que dice ¿y no desconectas viajando? Pero para mí el aeropuerto o un hotel se ha convertido en un lugar de trabajo; yo estoy en una recepción con mi familia y estoy buscando al cámara, a la productora o el sonidista… es fatal, los sitios donde todo el mundo se relaja y lo asocia a descanso yo lo asocio al curro. Por eso para descansar tengo que coger el coche, hacerme muchos kilómetros y acabar en montaña. Ahí cargo pilas… al menos hasta que pregunto si hay wi-fi en el refugio.

¿Cuánto tiempo eres capaz de alejarte del teléfono?

Me alejo poco pero a veces he decidido irme de vacaciones sin teléfono o he anunciado que estaría semanas sin twitear y lo he cumplido. En casa hay quejas por mi nivel de enganche, quejas fuertes. Te diría que no estoy tan enganchado ya, pero no es verdad. Necesito saber y estar al día. Todo lo que recibes va haciendo poso. Quiero dejarlo, pero el problema es que siempre hay algo. A los que nos ha gustado la información y estar al día,  a esos que cuando volvías a las cinco de la mañana de fiesta pensabas: “qué bien, me vuelvo con el periódico a casa”, a los que tenemos esa neura, tener ahora esta herramienta que se actualiza cada dos por tres… es maravilloso. Antes también me pasaba, siempre he sido un enganchado a la actualidad.  Por ejemplo, muchas veces me decían que si no veía el partido del Barça no pasaba nada y para no quedar como un enfermo accedía a hacer otros planes… pero reconozco que a la mínima solo con la mirada le preguntabas al típico señor que paseaba por la calle con el transistor a la espalda para que te dijera con el pulgar si ganábamos o si perdíamos… Hasta tal punto que yo he llegado a ir al teatro y ponerme un solo auricular porque jugaba el Barça un partido europeo. Luego, al salir, me han preguntado: “¿Qué te ha parecido la obra?”, y yo he tenido que contestar: “la obra muy bien, pero nos han eliminado de la Champions”.

Canal Jordi Évole

Para informarte

Desayunos TVE/ Espejo Público/ Ana rosa Quintana… Desayunos de TVE, incluso ahora.

Los Manolos/ Jugones de Pedrerol/ Sara Carbonero… Sara Carbonero. La elijo porque no es opinión, ella  da información.

Sálvame /Amar es para siempre / Grandes documentales de la 2. No diré el tópico, diré Amar es para siempre.

Pedro Piqueras /Matías Prats / Ana Blanco. Matías, porque sale también Mónica Carrillo que es amiga mía.

El hormiguero /Lo sabe no lo sabe/ El Intermedio. El Intermedio, radical además. La función que hacen es fundamental.

Salvados / Partido del Barça / Aída. Barro para casa, Salvados. Aunque veo el programa con la página del periódico abierta en deportes para ver cómo va el partido.

 Al final no hemos hablado de Aspe… yo es que más que hablar de Aspe prefiero leer sobre él, y me han dicho que ya llega Año Impar.

One Comment

  1. Sin duda Jordi hoy en día es uno de los grandes del periodismo y se me hace “raro” ya que lo sigo desde hace mucho tiempo, desde que era “el follonero”, y su transformación ha sido increíble. Buena entrevista.

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