¿Y tú de quién eres? — 27 diciembre, 2013 at 12:59 pm

“Hay que trabajar para ofrecer una ilustración para niños digna que vaya formando su universo visual”

Foto interior

Miguel Calatayud se enfrentó a sus primeras hojas en blanco en los calurosos veranos de Aspe. Lo que comenzó como un juego en el patio de la casa familiar, interrumpido a veces por un itinerante vendedor de helados, acabó por convertirse en un prolífico modo de vida. El dibujante atiende desde su estudio a AÑO IMPAR para pasar lista a su periplo artístico desde aquellas primeras sombras de un huerto de limoneros de la calle Doctor Fleming hasta la explosión de universo narrativo propio, reconocido en 2008 con el Premio Nacional de Ilustración. Con setenta años, el autor de “El píe frito” dibuja en esta entrevista los trazos quizás más pudorosos: los de su propia vida.

¿Y tú de quién eres?

Soy de Luis Calatayud Guades y de Candelaria Cerdán López. Provengo de dos familias numerosas,  en el caso de mi padre estaban dispersos por toda España prácticamente; por parte de mi madre, casi toda la familia Cerdán está centrada en Aspe.

Cuándo uno busca información sobre Miguel Calatayud, lo primero que aparece es: Aspe, 1942 como fecha y lugar de nacimiento. Sin embargo ¿Qué relación real te une al pueblo?

Hay que tener presente que nosotros no vivíamos en Aspe durante todo el año. Mi padre era inspector de enseñanza primaria ya en la República y, por motivos de trabajo, nos habíamos instalado en Murcia. Puede parecer cerca, pero por aquel entonces cubrir el trayecto Murcia-Aspe era toda una epopeya. Todavía recuerdo aquellos viajes con una línea de autobuses que se llamaba “La Albaterense”. Así que residíamos en Aspe sólo en verano, aprovechando las vacaciones de mi padre.

¿Y en lo gráfico?     

La relación entre mi trabajo gráfico con Aspe podría reducirse a esos meses de verano en exclusivo. Sin embargo, eran meses perfectos para dedicarme por completo al estudio del dibujo, del color, de las imágenes y de la cuestión visual en general. Era una diversión que cuando estaba en Murcia no podía hacer, porque tenía que estudiar bachillerato. Gracias a aquellos veranos, mi inclinación al dibujo está muy marcada con Aspe. Aunque por aquel entonces lo hacía sin mayor pretensión que la de distraerme; desarrollaba cosas en Aspe y después se las enseñaba a mis amigos en Murcia. Por aquel entonces, ya trabajaba con mis tintas chinas y acuarelas.

Decía Borges que la única patria es la infancia ¿qué queda de aquella patria de posguerra aspense en el Miguel de hoy en día?

El trabajo en Aspe era muy grato. Hacía calor,pero en la casa familiar teníamos un pequeño patio donde yo tenía una zona cubierta y, por la tarde, aquél porchado era mi territorio. Recuerdo nítidamente el descanso que provocaba un vendedor ambulante de refrescos, a voz en grito, con su reclamo de la venta: “agua limón y agua cebada”. Para mí tenía mucha gracia, dejaba las tintas y salía con mi jarra para descansar. A veces, en vez de trabajar en el espacio cubierto del patio, me salía con una silla a la calle para dibujar. Nuestra calle, doctor Fleming, terminaba en un campo de limoneros. Ahora hay muchos edificios, pero entonces trabajaba de cara a la naturaleza. Era fantástico, salía con una silla y un tablero y a lo mejor hacía un dibujito, un tebeo para mí, hablaba con las vecinas… También recuerdo que todos los veranos se despedían con lluvias y las calles, que estaban sin asfaltar, se enfangaban hasta arriba. Disfrutábamos con todo y sabíamos sacarle provecho a aquello también,  así además de la disciplina del dibujo hacíamos modelado de barro.

¿Aquella relación entre el pueblo y tus dibujos se limitó a la infancia?

Esas estancias en el verano de Aspe tuvieron continuidad en plena carrera. Los ejercicios se ampliaron y empecé a estudiar la conexión con el paisaje, con la realidad y otros apuntes. Recuerdo como cosa curiosa que uno de mis amigos de Aspe estudiaba arquitectura y también dibujaba y tomaba apuntes. Yo le decía: ” algún día podríamos salir por el pueblo para tomar notas de alguna calle o aluna fuente al natural”,  y él me contestaba: “tú estás loco, aquí nos van a tirar piedras si nos ven salir a pintar a la calle, aquí puede ser complicadísimo”. La verdad es que me gustaba salir a dibujar porque aquel Aspe aún tenía ese carácter genuino de pueblo alicantino y se podían tomar notas muy curiosas. Yo cogía la carpeta y me hacía caminatas, por ejemplo entre Aspe y Novelda. Me gustaba mucho aquella carretera tan bonita, que entonces estaba franqueada por pinos.

¿En qué momento descubriste que dibujar iba a ser lo tuyo?

Muy sencillo, aquello no solo me distraía sino que me gustaba. Yo eso lo ligaba a determinadas lecturas. Me entusiasmaban los cómics. Muchas veces me daba cuenta que tras una lectura me apetecía ilustrar los pasajes que había leído. Me acuerdo que me ocurrió con las lecturas de Connan Doyle como “El perro de los Baskerville”,  es una lectura muy atractiva e imaginativa. A que yo leyera con asiduidad contribuyó un tío materno que nos cuidaba la casa en invierno. Él era socio del Recreo y cuando iba a verle, además de dejarme leer el periódico, mi tío me subía a la biblioteca donde me apañé la lectura de más de un libro.

¿Fue duro decir en casa que querías ser dibujante?

De alguna manera, mi padre tuvo interés en que yo hiciera magisterio, porque como él era inspector de enseñanza pensaba que en aquellos tiempos tenía sentido obtener un título y una plaza fija. Sin embargo, a mí la universidad no me atraía. A mí me gustaba ir a la Casa de Cultura en Murcia, empaparme de revistas, de libros y de imágenes de arte. En aquel momento, desde Murcia o desde Aspe, yo no pensaba que aquella afición mía se podría organizar en algún estudio, pero fue mi hermano Alberto, que por entonces ya daba clases en un instituto, el que detectó que lo mejor era que estudiase Bellas Artes. Ahí le planteé a mi padre que puestos a dar clases si me sacaba la titulación siempre podría impartirlas de dibujo. Me fui a Valencia y  toda la familia tuvo que hacerse a la idea de que esto iba en serio.

La cuestión es que di un paso importante. Yo era autodidacta hasta entonces,  sin embargo, en Valencia me encontré con una formación plástica muy importante. A mí me vino muy bien, porque a descubrí cosas que no debía de hacer y me tomé el dibujo con un más seriedad. Además, entré en contacto con la ilustración para medios, que a día de hoy es lo que me sigue interesando. A mí me ha gustado siempre el crear para imprimir, porque eso multiplica la imagen y tu imagen llega a mucha más gente.

Libro Media Vaca

Portada de la retrospectiva sobre la carteleria de Miguel Calatayud para la revista Turia. 

Hoy en día, en las librerías (incluso en las más asépticas FNAC) uno encuentra con facilidad la sección de novela gráfica y autores como el valenciano Paco Roca están muy prestigiados ¿ocurría lo mismo en esa Valencia de los años 70?

Puede que ahora ilustrar o dibujar cómics tenga una dimensión más reconocida, pero entonces había publicaciones de estas características que imprimían a la semana miles y miles de ejemplares. Las tiradas eran una auténtica barbaridad y esto era así porque los niños y la gente joven tenían una gran dedicación, incluso coleccionista, que les llevaba a descubrir nuevas cabeceras, conocer a los personajes… ese movimiento en torno al tebeo ya no existe.

¿Se ha convertido aquel medio de expresión tan popular como el tebeo en un arte minoritario pero más reconocido?

Aquello era un mundo distinto, hoy en día la gente de estas edades está en otras cosas. Ahora nos podemos apropiar de las películas, entonces ir al cine era toda una aventura. No podías poseer las películas, en cambio a los tebeos sí que los poseíamos y formaban parte de nuestro mundo, de nuestras cosas. Nadie escapaba de eso, era todo muy cinematográfico. Si había una película como “Las aventuras del zorro”, en seguida salía un tebeo de algún personaje que las imitaba. Hoy en día las historias surgen de otro tipo de experiencia. Ahora se trata de construir historias muy serias y dramáticas para darle otro sentido al hecho de narrar una historia. Esto ya se veía venir que pasaría cuando empezaron a desaparecer las revistas, ya entonces pensaba que acabaríamos editando un libro con sólo una historia que queramos contar. Eso crea un problema para los dibujantes, porque antes el material se iba produciendo industrialmente, se publicaba en una revista y obtenías el beneficio generado de ello. Se puede decir que había una compensación mayor en lo laboral y en lo económico.  En la actualidad, a pesar de ese reconocimiento, si quieres contar una historia en un libro de cómic o novela gráfica, pasas un tiempo muy largo preparando la historia, documentándote, dibujando y al final te llevas una parte muy pequeña.

Cuando empezabas, en tiempos de Peter Petrake (historieta tuya de 1970), respondías en una entrevista de Alfonso Lindo que no creías en éxitos fáciles ni en premios. Hoy en día, que has ganado tres veces el Nacional de ilustración y el premio a la mejor obra del Salón del Cómic de Barcelona ¿sigues sin darle importancia a los premios?

El tema de los premios nos ha servido para obtener visibilidad.  Sobre  todo en la ilustración  dirigida al territorio de la literatura infantil, donde tanto los autores como los grafistas no estaban del todo reconocidos.  No se conocían nombres de ilustradores, recuerdo que a mí me preguntaban a qué me dedicaba y aunque lo explicase no lo entendían bien. En cambio, si hacías chistes de  humor gráfico en prensa la gente te ubicaba enseguida. En parte, los premios han contribuido a que todo esto sea un poco reconocido. Yo la verdad es que nunca me he preocupado demasiado por los premios . Cuando esto ha salido bien ha sido porque, como en el salón del comic, han votado los especialistas… yo tampoco lo he buscado. Lo cierto es que como repercusión profesional no he notado cambio. Sí me he sentido más reconocido, porque al fin y al cabo, los encargados de dar los premios han reconocido mi personalidad, mi estilo,… sin embargo, eso no ha supuesto un gran cambio en mi volumen de trabajo. Evidentemente uno se ve reconocido y lo agradece, es una gran alegría, pero estoy seguro de que nadie trabaja en función de lo que puede suponer un premio de estas características.

Con una carrera larga, llena de premios y trabajos ¿uno piensa en jubilarse del lápiz?

Yo creo que sería absurdo. Supongo que llega un momento en la vida en que tienes que dejarlo  porque he de confesar que puede existir dificultad física y no tenemos la seguridad de que nuestras facultades se mantengan. Además, eso no tiene nada que ver con el valor de cada cual. Pero piensa, por ejemplo que un pintor como Monet, cuando pintaba aquellos estanques de nenúfares de pincelada rápida y amplia, que suponen la mayoría de edad del impresionismo… lo hacía así porque le ataban el pincel a la mano porque no podía sostener el pincel. A veces la desventaja acaba convirtiéndose en un aliado más de la obra. Es verdad que Monet tuvo mucha suerte, porque él trabajaba con pincelada impresionista… no sé yo si te pueden atar un lápiz a la mano y hacer una historieta. Creo que el ilustrador mientras tenga facultades para dibujar, sigue dibujando. Al final, esto lo haces no por cuestión económica, sino porque es tu vida y necesitas contar historias. Cuando ilustras, manifiestas lo que a ti te interesa, aunque sea un guión ajeno, tú aportas tu visión personal e introduces cosas muy íntimas. Es muy atractivo, emites ideas y formas de entender la realidad y lo que te rodea.

Cuando leíamos los libros infantiles los dibujos de la portada le cambiaban la percepción de los personajes ¿hasta qué punto la ilustración de una portada puede configurar el sentido de la lectura?

Eso es el poder de la imagen. La imagen es percepción. No es que yo la defienda sobre el texto, porque son dos itinerarios distintos, pero la imagen es muy fuerte. Creo que nos ha faltado siempre una educación visual. Hay que saber mirar y entender la imagen y buscarle el punto. No basta con quedarte con una mirada aparente y pasiva.

Los premios han reconocido ese universo propio de tus dibujos ¿En qué se basa tu imaginario?

Yo parto de una lectura a partir de la realidad, pero nunca me gustó el realismo. Hay que transmitir en el trabajo una forma de entender el entorno. Yo dibujo un árbol que tiene nombre y forma pero lo someto a una transformación. Es un poco la esencia de cualquier manifestación artística. Generalmente el lector aprecia mucho más el realismo porque le parece que es un trabajo delicado de mucha dedicación, pero yo nunca me he sentido atraído por esto. La gente que trabaja en ilustración con la cuestión realista se basa en fotografía. A mí me encanta la fotografía, pero me quedo ahí.. Partir de la realidad sí, porque la abstracción no tiene sentido en ilustración, estamos creando imágenes que están relacionadas con vivencias, experiencias, etc. y  tienen que ser reconocidas.

Mis transformaciones a veces tienen que ver como el cubismo, tengo un cierto carácter geométrico que tiene que ver con la estilización. Hay gente que conecta con esto y lo entiende perfectamente, lo asimila, admira y degusta. Sin embargo, a veces produce cierto rechazo, porque hay mucha gente que no acaba de entrar en un mundo visual muy personal. Ocurre también al nivel editorial.

Portada libro infantil

Entonces ¿Cuánto más personal más arriesgado es conseguir que la industria se interese por ello?

Hay que mantenerse en una línea coherente y trabajar en ilustración para ofrecer una ilustración para niños digna, que vaya formando su universo visual. No podemos darle esa vulgaridad de Disney en los rasgos… el patrón Disney favorece la uniformidad de pensamiento. Por ejemplo, en Valencia siempre ha existido el peligro de lo fallero, que lo marca todo. El componente humorístico no es malo en sí, es interesante, pero cuando ese componente humorístico se mezcla con referencias a Disney en el sentido de los ojazos o del gesto, todo empieza a complicarse.

¿Cuál debe ser una buena ilustración para niños?

Emili Teixidó (guionista de Pà Negre y escritor de literatura infantil) siempre decía que la buena literatura para niños es aquella que la lee un adulto y no se le cae la cara de vergüenza. Yo eso lo aplico a la ilustración también. Hablamos de un tipo de imagen, que aunque vaya dirigido a niños la ve un adulto y la defiende porque hay una aportación artística.

¿Cuáles han sido tus influencias?

Recuerdo comprar en tiendas especializadas de Alicante revistas de la prensa internacional, como el Marie Claire Francés. Allí conocí a gente como Milton Glaser y Seymour Chwast, del Push Pin Studio, que me encantaban. También al francés Jean-Michel Folon, que conocí a través de aquellas revistas.

¿Y más allá de la ilustración?

Siempre he sido un gran lector de prensa, me gusta estar informado y a veces aparecen ideas que luego puedo volcar en la ilustración. Sin embargo, quizá donde más referencias he encontrado ha sido en el terreno cinematográfico. Para mí, el cine ha sido el arte de última hora, es un arte completo que contiene todo: pintura, literatura, ilustración… En este sentido, personalidades como Orson Welles y Alfred Hitchcock me han asombrado e influenciado mucho con sus películas.

Dice el crítico literario Gustavo Puerta de ti que eres un ilustrador subversivo porque es habitual toparse en tus libros con planteamientos críticos con la figura de autoridad y relaciones de dominio ¿son el cómic o la ilustración un buen medio para despertar conciencias?

Me parece demasiado trascendente lo de despertar conciencias, pero evidentemente el ilustrador y el historietista, desde el momento en que ponen ideas en juego aprovechan el lenguaje visual para que haya referencias gráficas que se identifiquen, que no se agoten en una primera mirada, que descubras cosas cuando vuelves a ello. Lo que sí nos jugamos son valores educativos. No lo digo en el sentido pomposo, si conseguimos que el niño se divierta y consiga la más mínima transformación, bien sea una observación o una pequeña reflexión sobre algún aspecto de la vida, ya habremos conseguido un éxito.

Evidentemente, en el cómic es distinto, allí desarrollas ideas literaria y gráficamente. Pueden ser incluso un auténtico panfleto, puedes contar desde un punto de vista muy concreto, denunciar,… Y diría yo que estamos “obligados” a hacerlo. Gustavo dice combatir el principio de autoridad y yo pienso que eso no es que sea una opción, es una necesidad.

Muchas veces se te calificó de psicodélico ¿no tienes la sensación que es la sociedad la que está cada vez más psicodélica?

La psicodelia funciona a nivel de espectáculo colorista, de formas curvas y muy decorativas, muy en sintonía con la cultura hippie, algo casi era contracultural. Para mí, la sociedad actual me resulta mucho más triste y contenida. Hay ramalazos pertenecientes a la contracultura, como el mundo del graffitti, en el que encontramos un revulsivo aunque casi más dramático que colorista. Sin embargo, la psicodelia de entonces no tiene nada que ver con la formalización del diseño de ahora. Tenemos una especie de desorden, que si quieres llamarle psicodelia, pues sí, pero yo creo que no se ajusta al término

Ahora que hablamos de explosión de colores, volviendo al origen de la conversación ¿de qué color reconoces a Aspe?

A mí me gusta mucho la arquitectura popular y siempre recuerdo Aspe en unos tonos de una gama cálida de tonos tierra, que tiene mucho que ver con el secano. La permanencia en el recuerdo es el esparto, el tomillo, de plantas aromáticas de monte, y aquellas sierras con gran falta de arbolado. El auténtico color del pueblo, salvo algunos azules alicantinos, y un color, que se llama también el rojo alicantino, andaría por esa gama. Todo muy luminoso y cuando vuelvo me reafirmo en el recuerdo. Es un paisaje que a mí me encanta.

¿Ese paisaje se ha reflejado en tu obra?

Desde Edicions de Ponent me encargaron una serie de libritos de novela gráfica y yo le propuse dibujar una historia sobre Jaime el Barbudo, del que tenía muchas ganas y mucha documentación. De él se cuentan muchas cosas, pero la mayor parte son disparates. Hay incluso una zarzuela y una obra teatral que se estrenó con éxito en Madrid. El caso es que me apetecía recordar esta historia transcurrida en nuestra comarca, quería ilustrar esos campos de uva y aquellas tierras de piteras, así que dibujé la obra “El pie frito” (en referencia a que el pie de dicho personaje histórico estuvo expuesto en Hondón de las Nieves). Mira por dónde, esa historia hecha a modo de dibujo popular gustó a público y crítica y me llevé el premio del Salón del cómic de Barcelona. Fue muy grato porque era una obra arriesgada.

Recuerdo que cuando le dije a Ramón Berenguer que tenía este proyecto me dijo en una comida que estaría bien que yo hiciera nada menos que el pregón de la virgen. Yo le dije: “mira, Ramón, esto tiene que ser un escritor, un poeta o un orador… pero yo no me veo”. Tenía una gran relación con él, era un tipo maravilloso. Hay una anécdota que no se me olvidará. Recuerdo en el bar Central, ya desaparecido. Estábamos tomando una cerveza en la terraza y apareció una niña con un paquete en el que traía comida para dar de comer a unos gatitos que estaban refugiados en el cine Central. Ramón Berenguer se levantó, cogió a la niña de la mano y se fue para que le abrieran el cine y pudiera darle de comer a los gatitos. Él era así. Es un recuerdo muy emotivo que guardo.

Creo que tu relación con el bar Central fue una verdadera historia de amor…

Yo al bar Central lo hubiera subvencionado. Sinceramente, a mí me parece que se han cargado la plaza. Aquel espacio era modélico, lo tenía todo en sus cuatro fachadas: la iglesia, el Ayuntamiento, el Casino y el cine.  Era el centro neurálgico de Aspe y tenía mucho encanto.

Aspe

Miguel Calatayud (el segundo sentado empezando por la derecha) junto a Federico Martín (con sombrero), el cantautor Javier Krahe. Arriba, de pie y con chaqueta beig, el escultor Javier Carvajal junto a los integrantes de la Asociación Cultural Perico de los Palotes en el Bar Central. 

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  1. El Pie Frito (Las aventuras de Jaime el Barbudo) de Ningunapartestudios
    Basado en la novela gráfica de Miguel Calatayud
    Directed by Sami Natsheh and Arly Jones(Cabeza Voladora).

    https://vimeo.com/40167443

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