Pueblo en juego — 27 diciembre, 2013 at 12:08 pm

Once para subir

aspensepedrisco

Carlos Torres

Oye ¿y cómo va el equipo? Bien ¿no?”, contesta Manuel Cáceres al otro lado del teléfono. Aunque le pone voluntad, la voz suena tan distante como la de un desconocido al que te encuentras en un ascensor; pero él no es ningún extraño, Manuel es en realidad el famoso Manolo el del Bombo y, desde su retiro valenciano, vive ajeno a que aquel equipo al que él animó en un partido de ascenso a cambio de 50.000 pesetas ya sólo existe en las hemerotecas. Han pasado casi tres décadas de aquello y, a cada golpe que Manolo ha dado sobre el parche de su instrumento, estadio tras estadio, Mundial tras Mundial, el recuerdo de aquel Aspense que ascendió a tercera se ha ido diluyendo en la memoria del deporte. Merece la pena recordar que el fútbol no siempre anidó a todas horas en los televisores y el público, que ahora prefiere eliminatorias de copas inglesas radiadas por canales de pago a partidos del equipo del pueblo, llenó alguna vez el campo de Las Fuentes. Es el caso de aquel año 1988 en el que el Pego ganó la liga en el grupo Sur Regional Prefente y la Unión Deportiva Aspense se jugó el ascenso con el Ribarroja.

Antigua 130Partido de la Unión Deportiva Aspense de la época en un concurrido campo de Las Fuentes

De los galácticos al tiki taka

En aquellos finales de los ochenta Aspe crecía al ritmo que marcaban los turnos de sus fábricas, cada vez más naves engullían solares y la industria sustentaba a muchas familias. Según aseguran las crónicas del Información, el equipo tenía un presupuesto de trece millones de pesetas al iniciar la temporada. “Cuando Antonio Miralles -‘El Zapatero’, aclara- y yo cogimos el Aspense quisimos hacer un equipazo”, cuenta Ernesto Mira, el que era presidente del Aspense por aquel entonces. Tal era la pretensión que en la banqueta de Las Fuentes se llegó a sentar Enrique Mateos, aquel delantero enclenque cuatro veces campeón de Europa con el Real Madrid. “Quisimos hacerlo a fuerza de talonario y no supimos dar con el quid de la cuestión. Nos llamaban el ‘Equipo del millón’ porque todos querían cobrar eso”, confiesa Mira. “Nos decían que éramos amateurs compensados, ganábamos casi tanto jugando como trabajando”, asume Alfredo Cano, el capitán del equipo. Sin embargo, aquel motor comprado por piezas no acabó de carburar. Ernesto Mira lleva dieciocho años lejos del club pero todavía lo recuerda: “Eso fue la 86-87, gastamos mucho pero no subimos. Fue un auténtico fracaso que nos puso los pies en el suelo”, cuenta.  Morder el polvo les había enseñado la primera lección y decidieron plantar césped en aquel lecho de tierra, patadas y gritos que tantas tardes de fútbol había dado.

 

Antigua 131Lance  del partido de Ascenso a Tercera Divisón entre el Aspense y el Ribarroja. 

Sin embargo, aquella historia de calor comienza con un día frío: “Fue el 16 de enero”, cuenta Manuel López Botella con precisión. “Lo recuerdo porque fue la misma fecha en la que colgué las botas”, añade el que fuera nueve años integrante de la cantera madridista. Ese mismo día, se hizo cargo del banquillo local: “Me llamó Ernesto Mira y me lo propuso”, relata. “Como soy un hombre de retos les dije que ascenderíamos, pero en aquel momento nadie me creía”. Él ya había conseguido un ascenso a Segunda División como jugador con el Getafe, pero no es de extrañar que pocos parroquianos de los que poblaban el Ya se sumaran a aquella predicción; López Botella agarró a un equipo que había dejado Cachu, un míster de moda en la categoría, que en ocho jornadas no había conseguido hacer despegar al equipo y contaba sólo con dos docenas de goles a favor.

“Cuando llegó Manuel íbamos séptimos u octavos, y de pronto encontramos algo que nos abrió la mente, que nos hizo pensar en una serie de ideas nuevas”, cuenta Alfredo Botella Cano, como si esas nuevas corrientes futbolísticas hubieran sido el mejor abono para que creciera la hierba bajo sus botas. Quién sabe si inspirado por los tres castillos del escudo, el Aspense cambió de aires y empezó a jugar con un novedoso esquema de tres defensas: “el sistema me lo copió Cruyff y más tarde Guardiola”, dice López Botella medio en broma. Sea como fuere, el estilo, que combinaba dos media puntas con dos puntas, sorprendió a todos los rivales y lo cierto es que si el flaco holandés hubiera decidido saltar la tapia del campo para espiar un partido del Aspense, podría haber pasado desapercibido entre los aficionados que llenaban Las Fuentes para ver cómo el equipo de casa destrozaba a los rivales: “Metíamos unas 500 personas y el fútbol se respiraba por los cuatro costados del pueblo. Hubo días en que llegamos a ganar un millón de pesetas en taquilla“, dice Ernesto Mira desde el restaurante que regenta casi a pie de campo.

 Del pedrisco a la ola

La ascensión fue meteórica, a falta de pocas jornadas para terminar la liga, el equipo se colocó segundo: “A mí me gustaba entrenar los saque de banda y los de esquina… en dos jugadas así le ganamos el golaveraje al Villena”, dice López Botella. ”Desde que nos cogió Manuel sólo perdimos un partido en Crevillente, y porque nos hicieron una encerrona. A todo el que pasaba por aquí lo goleábamos“, reseña el ex presidente.

Pero como todo lo que sube baja, un mes antes de la eliminatoria de ascenso, la ira del cielo devolvió en forma de chaparrón la lluvia de goles que cada tarde caía en Las Fuentes. Un temporal furioso aplacó con una tormenta el porvenir de la cosecha y, asolados los bancales por un fatídico pedrisco, los únicos en Aspe que pudieron seguir saliendo a por uvas fueron los guardametas visitantes. Cano, que entonces era lateral, confiesa con humildad: “hubiera preferido que no hubiera caído el pedrisco y que nos hubiera ido deportivamente de otra forma”. Sin embargo, el cielo es caprichoso y el pueblo tuvo que reponerse a su manera. Algunos utilizaron el deporte como moneda de cambio, pues aunque el fútbol no es ninguna cura, tiene algo de analgésico; y lo que Aspe perdió en su campo trató de ganarlo en el terreno de juego.

En 67 años que tengo no he vuelto a ver un ambiente así de fútbol. Todo el mundo me paraba por la calle y me preguntaba por el equipo”, cuenta Ernesto Mira. La suerte ya estaba echada y los cruces de la eliminatoria de ascenso unieron el destino del Aspense con el del Ribarroja. “Antes del cruce hubo una cena y le propuse a Ernesto que nos pagara una prima de 50.000 pesetas por cada gol de diferencia por el que ganáramos a los valencianos”, dice el míster. El presidente estaba tan convencido de que tendrían que sudar la gota gorda para ganarles que aceptó la apuesta lanzada. No en vano, hasta entonces, los partidos de promoción habían sido unos tensos encuentros ganados de forma pírrica.

aspenseinformacion

La tarde del 3 de julio de 1988 las gradas de Las Fuentes estaban a rebosar. Manolo el del Bombo, el que ya no recuerda nada de aquel encuentro, caldeaba el ambiente con su instrumento mientras los jugadores saltaban al campo. El Ribarroja sólo fue capaz de aguantar treinta y ocho minutos con su portería a cero, a partir de ahí la leyenda del Aspense del ascenso se agiganta: “No se ha vuelto a ver ningún resultado parecido en un ascenso desde que hay constancia en el fútbol en la Comunidad Valenciana”, dice Manuel López Botella, que además de entrenador es un amante de las estadísticas. Aquel domingo el marcador se movió hasta el seis cero y, tal era la alegría, que con el cuarto el respetable empezó a hacer la ola. Sin embargo, en mitad de aquel mar de tranquilidad había un hombre al que le asaltaba una preocupación: “Cuando llevábamos cuatro, el presidente se acordó de la prima y bajó al banquillo para decirme que tampoco hacía falta ganar por más goles, que así ya estaba bien”, cuenta Manuel entre risas.

partido ida información

A punto estuvo Cano de faltar a la cita: “yo ya estaba en el declive deportivo de mi carrera y lo saboreé mucho más porque venía de una temporada lesionado en el pubis. Sabía que me quedaba poco y tenía que disfrutarlo”, dice. Esas mismas ganas de disfrutar capitaneaban también a medio pueblo; con media docena de goles en la ida, la celebración amenazaba con desbravarse. Todavía quedaba el trámite del viaje a Valencia y había que esperar a que desde la cabina telefónica fueran llegando las primeras noticias tranquilizadoras. Hasta cinco veces anunciaron los enviados especiales como José Antonio Galvañ que los del Vinalopó habían conseguido rematar a las redes, el Aspense ya era de tercera.

Han pasado veinticinco años y Cano, que dejó el fútbol en activo poco después, todavía guarda gratitud para la respuesta de sus paisanos: “El pueblo se movilizó para recibirnos y eso que la faena la teníamos hecha de casa. Fue un día muy importante para todos nosotros y para mí más, que soy de aquí”. “La plaza estaba de bote en bote, nunca se ha vuelto a vivir una alegría así en el deporte de Aspe”, asegura Ernesto Mira. Sin embargo, la gloria fue efímera porque aunque Villarreal, Levante o Mestalla se pasearon por Las Fuentes durante esos años en los que el Aspense militó en tercera, aquel equipo que marcó once veces en una fase de promoción se diluyó hasta desaparecer de las competiciones primero y de la memoria después, tal vez para demostrar que, a veces, en la vida, el gol más difícil de encajar es contra el olvido.

 

 

2 Comments

  1. Al leer este artículo me he emocionado ,recordando a mi abuelo Pepe,con mi hermano José bajando del autobús en el recreo ,todo el pueblo estaba un articulo muy bonito gracias

  2. Pingback: Unión Deportiva Aspense » MINUTO DE SILENCIO Y BRAZALETES NEGROS EN HONOR A MANUEL LÓPEZ BOTELLA

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