¿Y tú de quién eres? — 21 enero, 2014 at 12:04 pm

“¿Sabías que en japonés el carácter para escribir crisis es el mismo que para escribir oportunidad?”

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Alba Pérez Rojo es actriz y vive en Argentina. No siempre fue así; el camino de Alba es un trayecto lleno de curvas entre Aspe, Londres, Madrid, Nueva York y Buenos Aires que culmina, de momento, en “Pasajeros”, su primer papel principal en una serie para la televisión pública argentina. La actriz, que probó suerte en la medicina, es también periodista. Esta semana, las nuevas tecnologías acercan a la redacción de Año Impar con la calle porteña desde la que Alba contesta a nuestras preguntas sobre su trayectoria profesional y su viaje vital en busca de las oportunidades.

¿Y tú de quién eres?

Soy Alba, hija de Laura Rojo, nieta de Ramón Rojo y de María la Pescatera. Pertenezco a la saga de los Rojos y los Castillos del reino de Granada, en el Sur de la Península Ibérica. Claramente, nací para batallar.

Una mujer guerrera… ¿Y en qué terreno has tenido que dar las últimas batallas?

2013 ha sido un año de mucho trabajo y de muchos retos para mí. Un año definitorio en el que he crecido. El reto más importante es que acabo de grabar mi primera serie de televisión, Pasajeros. Aunque la productora es pequeña, la serie cuenta con un equipo de cine, pero de verdad. No solo porque muchos vienen del medio, sino por su calidad humana, que es igual de importante. Gran parte del elenco está formado por actores conocidos aquí en Argentina y todos, pero todos, desde las maquilladoras, vestuaristas o peluqueras hasta el equipo de producción y dirección, son lo más. Me considero muy afortunada porque mi primera experiencia en tele haya sido así y siempre voy a estar agradecida por esta oportunidad.

¿Qué personaje vas a interpretar?

La serie se llama Pasajeros y yo… no sé cuánto puedo contar del argumento todavía. Yo interpreto a Rosario, la novia española de uno de los protagonistas. Él se enamora al principio de su voz, porque es la voz de su gps, y luego… bueno, ¡luego pasan cosas! (Risas)

¿En todo caso es un personaje con peso dentro de la serie?

 Al principio mi personaje iba a ser más pequeño, pero fue creciendo y finalmente tuve bastante participación. Cuando pienso en cómo se han dado las cosas… Desde la primera llamada, totalmente inesperada, hasta el paso a paso, todo se ha dado en el momento y de la manera para que pudiera realizarlo y, sobre todo, disfrutarlo. Cuando superas un reto de la magnitud que éste ha tenido para mí, aterrizas en otro lugar. Antes de hacerlo, ves un muro enorme frente a ti y, aunque da miedo, eso es lo que lo hace más fascinante, porque cuando lo estás atravesando, descubres que no era más que humo y lo ves difuminarse mientras lo dejas atrás. Eso es romper tus límites. Ahora solo queda esperar, confiar y disfrutar.

Sin embargo, para llegar a tener un papel en una serie el camino ha tenido muchas curvas. Tengo entendido que en un primer momento quisiste ser médica ¿por qué decidiste dar un giro?

Cuando terminé el instituto me matriculé en la Facultad de Medicina y estudié tres años. Fue mi decisión pero, una vez allí, desde el principio supe que mi camino era otro. Por otro lado, siempre quise viajar a los países en vías de desarrollo y echar una mano, en aquel momento pensé que esa era la mejor forma. Sin embargo, sentía un vacío enorme. Un día, durante mi segundo año de medicina, en lugar de ir a la facultad, seguí una intuición y fui al campus de Alicante a buscar algún curso de cine fuera de mis horarios de clase. No había ninguno, pero había teatro, y comencé ese mismo día. Fue un flechazo. Aquel año actué por primera vez con el Aula de Teatro de la Universidad de Alicante en el paraninfo de la universidad, que estaba a rebosar. Al día siguiente, sola, hice un stand- up en Clan Cabaret de Alicante, delante de unas 150 personas a las que tenía que hacer reír. No recuerdo haber tenido tanto miedo en mi vida hasta ese momento, pero resultó que había una mención especial del público y la gané.

¿Aquellos primeros escenarios ayudaron al cambio?

Al año siguiente, tomé dos decisiones: una, que dejaba de estudiar medicina; otra, que me iba a vivir a Londres, con una mano delante y otra detrás. No le pedí ayuda a nadie, me hice cargo de mi decisión, y te aseguro que no era una decisión fácil de tomar para una persona como yo, que era perfectamente consciente de que dejaba el camino de “la perfecta”, el socialmente aceptado, el fácil. ¿Te parece que estudiar 13 o 14 horas de media por día es difícil? Nada que ver con los retos que estaba por enfrentar, y yo lo sabía perfectamente. Pero también sabía que, si quería vivir mi vida de verdad, ese era el camino que debía tomar. Durante mi medio año en Londres pude tomar aire, aprender inglés y viajar por Europa. Al regresar, reuní el valor para tomar otra decisión trascendental: Me iría a vivir a Madrid y estudiaría arte dramático y periodismo.

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El edificio de Ciencias de la Información de la Complutense es una mole gris de hormigón ¿cómo fue entrar por primera vez allí?

Al pisar la facultad de periodismo por primera vez mi padre me dijo algo que no he olvidado: “Esto sí que es para ti, ¿eh?”. Yo estaba pensando exactamente eso. A partir de ahí, empezó mi nueva vida. Es cierto que no fue fácil, porque mientras estudiaba periodismo y arte dramático (en la escuela de arte dramático Corazza), trabajaba –he llegado a compaginar dos trabajos y las dos carreras a la vez-, pero no lo cambiaría por nada, mi vida está hecha de eso, y la gente que conocí ahí me cambió para siempre. A nivel profesional, entre otras cosas, tuve la oportunidad de trabajar primero como becaria y luego como colaboradora en Interviú, mi primer trabajo como periodista. Aún recuerdo la mañana en que salió publicado el primer reportaje que escribí para la revista.

Hay sensaciones que son difíciles de olvidar ¿Cómo fue aquella mañana?

Ese momento de comprar la revista en el kiosko y verlo ahí… ¡hay cosas que no tienen precio! Mi madre le dijo a todo el mundo: “Alba sale en interviú”, así que muchos andaban buscando fotos mías y claro, no las veían… jajajaj… Seguro que más de uno se habrá preguntado por qué mi madre estaba tan contenta de que su hija enseñara las tetas en Interviú. Gracias a estos trabajos, a becas que iba logrando y a la ayuda que me podían dar mis padres, pude vivir algunos de los mejores años de mi vida y formarme en lo que amo: estudié arte dramático, me licencié en periodismo por la UCM y obtuve un postgrado en Periodismo Internacional. Siempre lo digo: En Madrid, volví a nacer.

Volviste a nacer en Madrid, pero ¿en qué momento tu camino se desvía hasta Argentina?

Hacía un tiempo había dejado de disfrutar de Madrid, no veía oportunidades a mi alrededor, no encontraba el lugar para mí, la Madrid generosa que en otros momentos me había dado tanto se había ido. Necesitaba un nuevo impulso, tanto a nivel personal como profesional. Era como si la ciudad estuviese frente a mí pero yo no pudiera entrar. Estuve a punto de ir a Roma a trabajar como periodista en la FAO como parte de las prácticas del postgrado de periodismo internacional, pero la realidad es que las condiciones que ofrecían no eran viables económicamente para mí, así que rechacé esa oportunidad. Entonces uno de mis mejores amigos me dijo que venía a vivir a Buenos Aires, y yo le dije que me venía con él. Fue así, sin mucho más. Tenía muchas ganas de conocer Buenos Aires desde… creo que desde siempre, y es conocido que en Argentina hay grandes maestros de interpretación, sin ir más lejos, el director de mi escuela en Madrid, Corazza, es argentino. Las cosas se dieron para que tuviera la oportunidad de dar el paso y así, como si el Universo hubiera metido mano, pude postularme para entrar en un curso para actores profesionales en la escuela de Julio Chávez, uno de los actores y maestros de actores más valorados en Argentina.

¿Y cómo fue ese éxodo?

Tras finalizar un proyecto de fotografía que estaba dirigiendo en esas semanas, dejé Madrid con una sensación muy rara en el cuerpo. En realidad… volé a Buenos Aires sin tener la certeza de que me fueran a aceptar en el curso, ya que dependía de una entrevista personal con Julio. Mi idea era quedarme nada más dos o tres meses en el país, así que, en el peor de los casos, si no entraba en la escuela tendría un par de meses para disfrutar y conocer la ciudad y con suerte algo del país. De todas formas, fui con la convicción de que iba a entrar. Me acuerdo de los nervios que tenía la tarde de la entrevista, de camino a la escuela, el día siguiente a llegar a Buenos Aires. Hacía un tiempo que no actuaba, así que los nervios me venían de todos lados, era un reencuentro con mi actriz después de una pausa bastante larga. Julio impone mucho, así que los nervios se multiplicaron por XXXXXmil cuando entré en su oficina. No olvido su: “Bueno, por mí estás dentro”. La conversación siguió de esta manera: – Si quieres, puedes empezar hoy o, si es muy apresurado, el próximo jueves. – No, hoy está bien. – Bueno, lo que pasa es que vas a necesitar ropa para entrenar. – Sí, la traje. – Anda, entra… Aprendí mucho con Julio, de interpretación y de mí. Él es un actor de presencia arrolladora y sólida, tiene un talento enorme y una tremenda sensibilidad como artista. Pero también tiene una disciplina férrea y muchos años de entrenamiento a sus espaldas.

Desde fuera siempre se tiene un poco la sensación de que el actor vive en una permanente farra ¿qué tienes que decir a esto?

 El actor es un trabajador, y hace falta mucha disciplina y mucho, pero mucho amor para sostenerte en el oficio y en la vida que implica el oficio. Esto lo vengo aprendiendo desde hace años. Es difícil, yo he tenido muchos momentos de dudas, estoy aprendiendo a convivir con ellas, ojalá algún día se esfumen. Esa idea que aún tienen muchos en España de que el actor con talento no necesita formarse, que es cuestión de “pasión” y “sentimiento”… yo creo que el talento hay que pulirlo, mimarlo y hacerlo crecer. Marlon Brando, De Niro… ¡Meryl Streep! Todos se formaron durante años… Tengo entendido que Meryl estudió 11 años antes de su primera película. Que dé un paso al frente el que crea que ella no es talentosa, y sin embargo es conocida como “la maestra de la técnica”. También creo que si uno quiere hacer algo con todo lo que es, te tiene que importar muy poco lo que digan los demás, lo que piensen que eres o no eres, lo que piensen que tienes que ser o no ser. Hay momentos en la vida en los que lo único que tenemos es la intuición, y hay que agarrarse a ella como a un clavo ardiendo.

Y el periodismo ¿lo has dejado aparcado de momento?

 No, el periodismo es algo que me encanta y siempre tengo esa vena latiendo. Hay trabajos del medio que me parecen de los más bonitos que existen, como una buena corresponsalía o un telediario serio, como solían ser los Informativos de la 2. Hace un par de años tuve la suerte de vivir un mes en Nueva York gracias a una beca, ahí asistí a un Congreso de Mujeres en los Medios de Comunicación. Una de las ponentes era editora jefe del New York Times. Tras su charla, se abrió la ronda de preguntas y una chica le preguntó si era fácil ganar dinero con el periodismo. Ella le contestó, con respeto, pero tajante, que si quería ganar dinero estudiase económicas e hizo una reflexión sobre la función social del periodismo y sobre cómo seguía creyendo en ella. Entonces yo pensé, bueno, si ella sigue pensando así, por qué voy a dejar de hacerlo yo. Para mí el periodismo en España hoy, en líneas generales, está muy mal posicionado, es un desastre el papel que está cumpliendo, renunció a su compromiso con la sociedad en pos de un servilismo atroz. Esto es algo que nuestra generación tiene que revertir. ¡Tenemos mucho por hacer! Quiero dejar algo claro, para no generar confusión por lo que comenté de que el objetivo del periodista no es ganar dinero. Yo no creo que deba ser nuestro objetivo primordial, y el hecho de que hoy en nuestro país esté mercantilizado es una de las causas de su decadencia. Ahora bien, esto es una cosa, y degradar e infravalorar a profesionales pagándoles una miseria o, en muchos casos, no pagándoles bajo la coartada architrillada de las becas, es otra. Todos tenemos que cobrar por lo que amamos y sabemos hacer, y cobrar bien.

Supongo que dado tu historial ya estarás pensando en futuros retos…

¿Mis retos futuros? Pues te diría que SER FELIZ (Risas) Estoy convencida de que, como dice Almodóvar, nacimos para el placer. Pienso que estamos aquí para ser felices… es decir, cumplir nuestros sueños, que pueden ser profesionales, personales, etc… cada uno tendrá los suyos. Madurar no es renunciar a tus sueños, madurar es encontrar la manera de hacerlos realidad. Hace casi tres años y medio que soy budista, esto ha potenciado y ampliado esta manera de ver la vida, y sobre todo, me ha dado una herramienta para avanzar y superarme constantemente. Para el budismo de Nichiren Daishonin, que es el que yo practico, la palabra “problema” no existe, son obstáculos que nos brindan la oportunidad de superar nuestros límites y crecer. No se trata de evadirse emocionalmente y aislarse, sino, por el contrario, de coger el timón de tu vida, mirar a las dificultades de frente y no renunciar a lo que quieres para tu vida hasta lograrlo, y siempre, siempre, ayudar a otros a ser felices también. Y todo esto, valorando y disfrutando el momento a momento. Es un trabajo arduo, diario, pero merece la pena. A mí me queda mucho por transformar, mucho, pero en eso estoy. Por cierto… ¿sabías que en Japonés el carácter para escribir crisis es el mismo que para escribir oportunidad?”

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