Cultura independiente — 11 febrero, 2014 at 8:13 am

Tierra Prometida

1tierraprometidaLa primera formación de Tierra Prometida. De izda. a dcha. y de arriba a abajo: Roberto García, Pascual Valero, Javier Ruiz, Juan Carlos Alacid y yo.  Quédense con la cara  que gasto en esta foto.

Juan Carlos Ayala

Cómo y cuándo nace un grupo, es algo complicado de saber. No ocurre en un momento ni en un lugar concreto, sino que es el resultado de muchas decisiones aisladas. Tierra Prometida nació oficialmente en el año 90, pero en mi cabeza ya rondaba desde hacía varios años la idea de hacer música y ser músico. Y Tierra Prometida fue el trampolín que me lanzaría de lleno al corazón del rock and roll. Al igual que Lennon el día que vio a Elvis supo que quería ser músico, yo me crucé por casualidad con un disco y un músico. El disco, el EP del 87 que anticipaba lo que sería El Mar no Cesa, el primer larga duración de Héroes del Silencio. Y el músico, Miguel Verdú, alias “Miguelín”. Yo era un crío y lo vi actuar con Neurosis en La Estación en el 89. Chulo, vacilón, de cuero, haciendo un ruido de la hostia y con un pibón al lado, qué más se podía pedir. Yo no entendía de música en directo, y aunque había escuchado y escuchaba buena música, lo de cuatro punkis a un metro de mí soltando esa tralla fue un verdadero subidón, independientemente de lo que estuviesen tocando. Aunque el verdadero subidón fue pensar en estar al otro lado del micro, y no entre el público. La pose en un músico siempre me ha fascinado y la de Miguel esa noche era una pasada. Quién me iba a decir a mí que ese tío de look punkarra acabaría siendo el guitarrista de mi grupo y uno de mis mejores amigos.

Pero volvamos a Tierra Prometida, y concedámosle el mérito de su creación a quienes lo merecen por derecho propio, que son Javier Ruiz y Pascual Valero. Ambos se conocían desde pequeños, pues sus padres habían sido colegas en la mili, y aunque a Javi, Pascual no le caía del todo bien, fueron ellos quienes con calzador consiguieron alentarlos para que saliesen juntos, ya que los dos eran bastante frikis, o sea, que no eran lo que se dice la alegría de la huerta en lo que a relaciones personales se refiere, pero el tiempo y el alcohol consolidaron una amistad que estuvo marcada por un denominador común: la música.

Corría el año 88, y Pascual ya poseía un teclado regalo de su abuela “Oco” con el que se dedicaba a sacar sus propias versiones de Superdetective en Hollywood y a componer piezas tecno simples pero de una sonoridad muy futurista, a lo Jean-Michel Jarre. Como eran dos y tenían un teclado, instrumento con el que se podía disparar bajo y batería, decidieron que Javi tocase la guitarra y cantase y se dedicaron a actuar en bodas en los salones Palacios de Novelda para pagar el equipo de sonido Carlsbro que habían comprado para sonar decentes en directo. Esto es lo que en el mundo de la pachanga se conoce como la BBC, bodas, bautizos y comuniones. Se hicieron llamar Por Duplicado, y a la vez, hacían sus pinitos como compositores en una línea popera-rockanrolera-pastelera.

La idea de ambos era formar un grupo, pero dado su frikismo, no disponían de muchas amistades con las que materializarlo, y recurrieron a mí, que sí que tenía varios colegas a la altura de cualquier proyecto descabellado. Dichos crápulas eran: Roberto García Bravo, Juan Carlos Alacid García y Jesús Dionisio Sánchez (Suso), que se incorporaría más adelante.

Roberto decidió ser el batería, y se compró una Tama Rockstar negra que rompía la pana. Alacid eligió ser el guitarra solista, y yo, aunque quería tocar la guitarra, me decanté por el bajo porque era lo único que quedaba. Roberto abandonó poco después, error que nos pasaría factura más adelante, ya que en la trayectoria del grupo hubo muchos momentos de tensión, y hubiese hecho falta alguien que pusiese paz, cosa en la que Roberto era el número uno.

Al irse Roberto, yo pasé a la batería y aquí es donde se incorporó Jesús sustituyéndome en el bajo. Todos teníamos una preparación musical nula, pero nada mejor que hacer. Del quinto componente se ocuparon Javi y Pascual, y como la E Street Band era el ejemplo a seguir, buscaron a un saxofonista, Roberto Cremades Andreu, personaje donde los haya y músico de conservatorio con el que fue toda una experiencia en lo musical y en lo personal relacionarse. Acababa de nacer Tierra Prometida. El nombre fue extraído de una canción de Bruce Springsteen, ídolo incondicional de Javi y Pascual,  y deja ver a simple vista el contexto naif en el que se desarrollaría todo el proyecto.

2tierraprometidaLa formación definitiva.

Retrocedamos al salón de bodas Palacios, porque allí ocurriría algo realmente trascendental para el grupo: la entrada en escena de Juan Pellín, que poseía un estudio de grabación en Novelda en el que habían grabado infinidad de bandas de la zona, incluyendo a Estancia en Bohemia, grupo que nos molaba ver ensayar por dos sencillas razones: un baterista brutal y un guitarrista excepcional, ambos con un talento que se podía palpar. En lo personal todos los componentes de Estancia eran auténticos, era una pasada tratar con ellos. Encima sonaban de la hostia, y eran lo más parecido a músicos profesionales que había en el pueblo. El caso es que Pellín hizo buenas migas con Javi y Pascual, escuchó algo de material, y nos propuso grabar un tema para ver las posibilidades del grupo. Ese tema fue Si supieras con letra de Javi y mía, y música de Javi y Pascual. La canción es un pastelón pop con arreglos de dudoso gusto en la que, a excepción de la guitarra y el bajo tocados por Javi y Pellín, todos los instrumentos están secuenciados. La grabación es terriblemente mala, pero los medios de los que disponíamos y nuestros recursos económicos eran escasos. Además, nosotros como músicos y Juan como productor éramos una verdadera patata. El grupo sonaba a Los Secretos pero malos. No nos engañemos, ahí están las grabaciones, que cada cual juzgue. ¿Pero qué podíamos hacer? No teníamos ni puta idea de cómo funcionaba nada, no habíamos visto un amplificador en nuestra vida.  Juan fue el que orquestó la grabación, que se realizó durante las Navidades del año 90, y aunque ha envejecido mal, para nosotros fue como grabar Bohemian Rhapsody. Imagínense a la banda en el 505 del Robert, con la maqueta a todo trapo por el pueblo creyéndonos en posesión de un proyecto a la altura de Prince and the Revolution.

“Si supieras” – Tierra Prometida

El 91 fue el año de Héroes del Silencio. El álbum Senderos de Traición los catapultó a lo más alto del panorama musical nacional. El nivel de ventas y el número de bolos avalan mi afirmación. Para varios de nosotros eran lo más, y leíamos cuanto salía en prensa sobre ellos. En un artículo descubrimos que el guitarrista Juan Valdivia estaba abierto a descubrir nuevos talentos, y como no hay mayor felicidad que la del ignorante, y nosotros éramos ambas cosas, cometimos la brillante osadía de presentarnos a las puertas del camerino de la banda en Catral maqueta en mano. ¡Manda cojones! Por circunstancias que no vienen al caso, la maqueta finalmente le fue entregada en el parking de Camelot, y la providencia quiso que nadie llevase un puto radiocasete en el coche para poder escucharla in situ, así que Juan Valdivia se la llevó consigo, como un tesoro, para buscar un momento especial en el que poder saborear nuestra “obra”. Aún tiene que estar partiéndose la polla. Yo creo que todavía la guarda para escucharla en los momentos bajos y alegrarse el día.

Como queríamos que todo el mundo escuchase la maqueta, la llevamos a Radio Aspe. Ángel María Boronat la coló en varios programas y el éxito fue inmediato. La gente flipaba con la canción, y llamaba todos los días para pedirla, aún más sabiendo que era de un grupo local. Sin exagerar diré que nos hicieron llegar al número uno de las peticiones de la semana en el ránking de Radio Aspe, por encima de Madonna y Pet Shop Boys. Tal fue el éxito, que Ángel María nos propuso hacer una entrevista en los estudios, y así lo hicimos. Teníamos entre diecisiete y diecinueve años y os aseguro que nuestro miembro viril experimentó una dureza especial.

Nuestro local de ensayo se encontraba en la carretera de Aspe a Hondón. Su dueño, Fernando Soler Tenza, alias “Pictolín”, era el hermano mayor de uno de nuestros mejores amigos, Francisco Manuel Soler, llamado “Borisa” o “60 tercios”, que había muerto trágicamente en un accidente de tráfico en el 88. El grupo le dedicó la canción Carretera oscura, una balada que en su día hizo llorar a mucha gente cercana a nosotros.

“Carretera Oscura” – Tierra Prometida

Fernando nos dejó su casa de campo incondicionalmente, pero la distancia, la falta de vehículos y los gemidos de las féminas –ya que usábamos más el campo como picadero que como local de ensayo- hicieron que los vecinos se pusiesen en pie de guerra y tuviésemos que buscarnos otro sitio. Aquí es donde entra en escena otra persona fundamental en el desarrollo de Tierra Prometida: la concejala de Cultura Laura Rojo, que nos proporcionó un local en la calle San Pedro, en el sótano de lo que hoy día es el CIJA, dejándose la piel para que nadie molestase a aquellos cinco críos que acabarían convirtiéndose en cinco melenudos que le traerían más de un dolor de cabeza.

Empezamos en el nuevo local en mayo, y la concejala nos propuso tocar en las fiestas de Aspe en agosto, a lo que por supuesto dijimos que sí. Los ensayos del campo los habíamos pasado fumando porros, tocándole el culo a la novia y preguntándonos cómo funcionaba tanto aparato, y ahora teníamos nueve semanas para preparar un bolo de veinte temas. ¿Montar un repertorio completo en tres meses escasos, en un instrumento de percusión como la batería? ¡Qué locura! El único instrumento que yo había tenido entre mis manos era el mío propio, y eso no me daba ninguna destreza para tocar un instrumento de percusión, aparte de la zambomba, que obviamente no cuadraba con una formación pop.

Desde el primer momento fue un suicidio. No sólo para mí, sino para todos. A excepción de Roberto, el saxofonista, que venía del conservatorio, y de Javi y Pascual, que sabían defenderse un poco, los demás éramos unos auténticos paletos musicales, y si Javi decía que una canción empezaba en Do sostenido, tú preguntabas: ¿sostenido, dónde? Vamos, que Rajmáninov a nuestro lado era un pringao en lo que a lenguaje musical se refiere.

3tierraLa fecha se fijó para el 10 de agosto, y el lugar sería la antigua Barraca Popular, enfrente del pub La Noche, donde antes se montaban los “cochecitos”. El ambiente de La Noche era una locura. Era el garito de moda, y aunque había otros de nivel como El Chubasco, El Ancla o La Estación, La Noche triunfaba como la Coca Cola.

Pero volviendo a nuestra actuación, como estábamos más verdes que un cogollo de maría, pensamos que sería buena idea hacer primero un bolo en un campo con amigos (como habían hecho los Estancia) para ponernos a prueba. Y fue en la Horna, en el campo de Lola, una amiga muy especial que se había echado Pascual, el teclista, y que haría saltar por los aires los cimientos del grupo. El simulacro de bolo fue un verdadero desastre, pero nos lo pasamos en grande. Risas, alcohol, alguna droga blanda, varias pollas duras, todos vestidos a la piscina, varios desnudos a la cama de la anfitriona… en fin, sex, drugs & rock and roll. Recuperados de la orgía musical, hicimos balance y tuvimos la certeza de que el bolo del 10 de agosto sería un verdadero fiasco. Y aunque Javi compuso un buen puñado de canciones, no hubo tiempo de ensayarlas. Pero el arrojo de los veinte años, y la seguridad que da la ignorancia, sumado a niveles de testosterona máximos, harían que cinco críos de Aspe tuviesen su momento de gloria.

Por fin llegó el día. La prueba de sonido se desarrolló con la normalidad con la que se desarrolla algo que no has hecho en tu puta vida. Nervios y emoción a raudales. Éramos unos novatos, y a los técnicos de sonido les quedó claro desde el principio que, de lo que saliese esa noche por los altavoces, ellos no serían responsables. Y en gran medida así fue. Pero vayamos por partes. Cuando todo estuvo enchufado y empezamos con la prueba, fue grandioso. Creo que había 6.000 vatios de sonido y millones de cables, y os puedo asegurar que cuando eres tú el que está encima del escenario, eso suena mucho. Inolvidable. Pero aún quedaba lo mejor: irte a casa, ducharte, cenar (si es que alguien pudo) y bajar a dar un concierto delante de la gente que más quieres y más te conoce. El bolo estaba programado a las doce, pero a las once la Barraca ya estaba a reventar. Echen un vistazo a las fotos y juzguen ustedes mismos. ¿Cuánta gente había? No lo sé, pero es evidente que mucha. El público llegó mucho antes de que empezásemos y no se movió nadie hasta que nos despedimos. Los momentos previos al comienzo fueron de vértigo. Nadie sabía dónde meterse. Y en realidad no querías meterte en ningún sitio, querías estar allí, y que te vieran, joder. Qué coño, era nuestro momento. Luego nos daríamos cuenta de que habíamos hecho el ridículo, pero eso sería luego. La gente se te acercaba y te deseaba  suerte, y nosotros flipábamos, porque sabíamos que no era cuestión de suerte, sino de haber ensayado, y no lo habíamos hecho –al menos no lo suficiente-.

4tierraTierra Prometida con Gonzalo Soria (en el centro) antes de subir al escenario.

Antes de comenzar nos hicimos una foto con Gonzalo Soria, concejal de Fiestas, quien desempeñó de una forma impecable su tarea durante la organización del bolo, ocupándose de la cartelería y ayudando a que todo saliese bien. Y llegó la hora de la verdad. Tenía que comenzar el show. Nos dirigimos a la escalera que te lleva al éxito o al fracaso y la sensación era de subir al cadalso. Pero la adrenalina es una sustancia poderosa y la acogida del público fue tal, que tuvimos la certeza de que algún día llegaríamos a los bolos en helicóptero, a lo Queen en Wembley. Juro por Snoopy que parecía que eran los Rolling quienes acababan de personarse en el escenario. Cuando el público responde, el músico se crece y eso hicimos. Golpeé cuatro veces las baquetas entre sí y comenzamos. Todo fue rodao. La técnica utilizada por el Suso al bajo poco o nada se diferenciaba del bonito arte de la poda del sarmiento. A la guitarra, el show de Alacid como solista hizo que Hendrix quedase a la altura de un payaso de feria. Javi se quedó afónico en veinte minutos, aunque hizo una buena actuación. Pascual parapetado tras el sintel estuvo tranquilo y a la altura dado que se había curtido en la BBC. Yo me quedé sin fondo en tres canciones, toqué de una manera torpe y alocada, parecía que ya íbamos de speed. Aceleraba y bajaba de velocidad las canciones como el que masca chicle. Vamos, la misma técnica del Suso. Pero el que sí lo bordó, y vaya si lo bordó, fue Roberto el saxofonista. Era todo un showman, y se metió al público en el bolsillo desde el minuto uno. Evidentemente tocó de la hostia, porque él sí era músico, y no los cuatro piltrafillas que tenía al lado, que lo más cerca que hemos estado de un Grammy es cuando hemos ido a pillar farly. Tocamos desastrosamente mal, y el público, poco docto en materia del show business, no dio muestras de enterarse. Por supuesto que con alguna excepción, como la de Estancia en Bohemia que se encontraba al completo entre la gente. No me enrollaré más en lo que a la actuación se refiere. Quien quiera tener su propia opinión que le dé al play. Todo lo digo desde la subjetividad de mis recuerdos, pero las grabaciones están ahí, sólo hay que escucharlas.

5tierraEl público que abarrotó el concierto

Aún así, nos lo pasamos de muerte. Hicimos en un tiempo récord algo que otros con más nivel y sentido común hubiesen rechazado por imposible. La noche acabó a lo grande. Hicimos una fiesta en nuestro antiguo local de ensayo y aunque no teníamos instrumentos, volvimos a poner en pie de guerra a los vecinos del campo.

 Tras la Gran Actuación, la amiga de Pascual, Lola, que era peluquera, augurando un éxito sin precedentes, nos propuso ser nuestra mánager y financiar nuestra próxima maqueta (digno de un guión de Berlanga). Por supuesto que barajamos otras opciones, como la de Phil Spector o George Martin, pero Lola era nuestra amiga y aceptamos. La producción quedó de nuevo a cargo de Juan Pellín, que esta vez sí que hizo un trabajo brillante. Grabamos tres temas, de los que ni recuerdo los títulos ni se conserva copia alguna, pero os puedo asegurar que hubo un salto cualitativo respecto a las anteriores maquetas. Pellín se empleó a fondo y nos hizo parecer profesionales. El grupo se metió al local a componer nuevo material con el que hacer frente a posibles actuaciones. Mientras, en Madrid, Lola se dejaba la piel de discográfica en discográfica buscando una audición para sus pupilos. Sin embargo, la trayectoria de la banda tras el bolo de agosto no llegó a un año. Durante ese tiempo nos dedicamos a soñar, a ensayar y a montarnos unas fiestas en casa de Lola que rompían la pana. Lola era una tía auténtica y el tiempo que estuvo con nosotros nos cuidó como una hermana mayor e hizo que creyéramos en nosotros mismos por encima de todo.

Antes de disolverse el grupo, hicimos otra actuación en la cábila de moros Piratas de Novelda. No tocamos solos, ya que en el cartel también estaba Estancia en Bohemia y otro grupo local del que no recuerdo el nombre. Cerraría la fiesta una orquesta de la que por cierto Pellín era el teclista. Todo salió a pedir de boca, mucho mejor que la vez anterior, y tocar con Estancia nos acercó más a ellos, y aunque sabían que estaban en un nivel superior, siempre nos trataron con mucho respeto. Poco tiempo después acabarían ensayando en nuestro local del sótano del CIJA, lo que terminaría de afianzar una amistad que dura hasta el día de hoy. Con esta actuación la vida en directo del grupo llegó a su fin, pues aunque nos salió otra en la discoteca Manila Disco también en Novelda, no se pudo llevar a cabo porque sufrí un accidente en la mano derecha. A partir de ahí todo fue un despropósito. Cada uno tiraba por un lado, y las tensiones fueron creciendo exponencialmente con el paso de los días. La ruptura era inevitable.

Todos conocemos el orden cronológico de los grupos locales, y todos sabemos que no fuimos los primeros. Pero nos gusta pensar que, junto con Estancia en Bohemia y Miguelín, que estuvo en casi todos los grupos anteriores, fuimos de los primeros en hacer música propia en el pueblo que después de tanto tiempo la gente sigue recordando (de vez en cuando alguien me mira y me dice: ¡hostia! ¡Tú tocabas en Tierra Prometida!).

No querría caer en tópicos y menos aún en el plagio pero, al igual que Mauro al escribir el artículo de Estancia y escuchar de nuevo el material grabado, no he podido evitar sentir nostalgia.

Aunque todo aquello nos molaba, a Alacid y a mí siempre nos había tirado un sonido más duro, y en los ensayos lo habíamos hecho ver con frecuencia, generando enfrentamientos que a la larga se fueron acentuando. Eso, unido al lío de faldas entre Javi, Pascual y la mánager, hizo que todo saltase por los aires. Y de esas ruinas nació Creyentes. Pero esa, es otra historia.

Quiero agradecer la colaboración especial de Iris García, quien con sus sugerencias y aportaciones me han ayudado a mejorar el artículo.

3 Comments

  1. Fué sin duda una epoca de ensayo y error (nunca mejor dicho)…pero fué nuestra y no la cambiaria por nada…gracias de corazon Ayala por este ejercicio memoristico tan entrañable y refrescante a la vez…Un abrazo a la gente de Aspe y a los ex miembros de Tierra Prometida..

  2. Cuando uno recuerda su juventud,lo hace con nostalgia.
    Quiero dar las gracias a cada una de las personas que forman parte de esos recuerdos,porque en aquella época “además de conocer gente increible” grave en mi mente parte de los recuerdos que tengo mas bonitos de mi juventud.
    un saludo a todos.

  3. elvis, lenon y ayala, ¿qué haríamos sin ellos?. Ayalica, tu ego es mucho mayor que tu memoria.

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