Cultura independiente — 18 marzo, 2014 at 9:00 am

Los años pródigos. La movida musical aspense (II) Rincón Striper

1 Actuación de Rincón Striper en el Instituto. Sergio Mira al micrófono y Ángel Boronat a la guitarra

Actuación de Rincón Striper en el Instituto. Sergio Mira al micrófono y Ángel Boronat a la Guitarra

José María Candela Guillén

Formar un grupo en la actualidad es relativamente sencillo. En estos tiempos en los que la música rock ya no es un atributo del demonio -aunque en Internet hay unas cuantas páginas que se dedican a propagar justamente lo contrario, páginas abanderadas por señores raros y curas del Opus-, pertenecer a un grupo de música goza de una amplia consideración social, y ya no se restringe al ámbito de lo marginal. El grupo es un ente de tipo asociativo cuya actividad -hacer música- es aceptada hoy día como una forma creativa de expresar a través de las canciones una pulsión emocional, un deseo de manifestar mediante unas texturas sonoras concretas una manera de estar en el mundo, un inconformismo que se revela para muchos como una forma de arte. El buen entendedor sabe que no hablo de ese universo poblado por orejas de pintores holandeses ni sueños morfeizantes, ni de grupos que insultan la sensibilidad y el sentido estético de una buena canción. Están concebidos como productos donde el marketing juega un papel fundamental, sometidos a los dictados de la industria del entretenimiento, y ajenos en todo caso a la intención creadora. Funcionan con una tarifa de emoción plana y han sido ideadas como mercancía destinada al consumo masivo.

Hoy tener un grupo está al alcance de prácticamente todo el mundo. Cualquiera puede comprarse una guitarra y pertenecer a una banda. Con el dinero de la paga semanal, o con el regalo de Navidades, uno puede hacerse con un instrumento asequible y adecuar el garaje de casa como sala de ensayos. Solo basta con insonorizarlo con esas láminas de poliuretano que venden en las grandes superficies para bricomaníacos, y cuyo aspecto piramidal recuerda mucho a los cartones de huevos que utilizábamos antes. O incluso es factible ensayar con cascos para no molestar demasiado a los vecinos. Si tus amigos más cercanos no están por la labor o te falta un batería, hay multitud de programas que te ponen la base rítmica y hasta te modulan la voz si la tienes desafinada. Hay conocidos cantantes famosos por sus gallos vocales que utilizan plug-ins de afinación cuando graban un disco. En el mundo de la tecnología digital, la música pregrabrada es capaz de hacer verdaderas filigranas. Uno puede incluso grabar en su propio estudio doméstico maquetas con una calidad bastante aceptable con un ordenador y una tarjeta de sonido, producirlas y retocarlas hasta lograr un producto digno. Hemos asistido, sencillamente, a la democratización de la tecnología.

A finales de los 80, sin embargo, la tecnología analógica podía hacer pocos milagros. Había música pregrabada, y estudios perfectamente equipados, sí, pero estaban en manos de unos pocos -generalmente profesionales de la cosa, o amateurs entendidos- y no todos podían acceder a ellos. Vivíamos en la era de la cassette, de la grabación en soporte magnético, y hacíamos maquetas acudiendo a los mismos de siempre -el Pato o Pellín-, porque eran los únicos que podían materializarlas con coste cero para nosotros. Internet era una fábula de origen militar, y los ordenadores una realidad que estaba a años luz de nosotros. El lenguaje de programación Basic y el sistema operativo MS-Dos eran entelequias al alcance solo de los tipos amantes del ajedrez, de las matemáticas y del cubo de Rubik. Lo digital era lo que estaba relacionado con el dedo, y Amstrad, Comodore 64 y Sinclair ZX Spectrum sonaban a la saga de la Guerra de las Galaxias como primos de R2-P2.
Muchos padres hoy serían felices al ver cómo sus retoños tocan el cielo con la punta de sus dedos empuñando una guitarra eléctrica. Aunque sea de forma fugaz. Los programas de TV dedicados a sacar a la luz el talento artístico infantil están llenos de chiquillos cuyos progenitores ansían -más que los propios críos- ver a sus hijos entrar por la puerta grande del bussines musical.

Pero a finales de los años 80, la mayor parte de los padres no veían con muy buenos ojos que su hijo, para quien deseaban un porvenir seguro poniéndole a estudiar Derecho o Económicas, formara parte de un grupo de música. Esto restaba tiempo de estudio y para ellos suponía también una peligrosa aproximación al mundo de las sustancias prohibidas. Así que cuando no rendías lo suficiente en los estudios, el castigo perfecto era dejarte sin ensayos, o te quitaban la guitarra durante un mes. Eso constituía un gran alivio para el progenitor, quien podía pensar que evitando la ocasión, se eliminaba el peligro. No es que aquella época fuera ni de lejos comparable a los años de la posguerra en lo relativo a la permisividad, pero aún coleaba algo de la leyenda negra del rock en los ambientes más regresivos y conservadores. Recuerdo que aún a principios de los 80, había miembros de ilustres grupos de la escena nacional que tenían que cambiar sus nombres de los créditos de los discos que publicaban para que sus padres no se enterasen de las actividades pecaminosas en que andaban metidos. Querían un futuro productivo y rentable para sus hijos, y eso no podía proporcionárselo la música, por mucho que formaras parte de un grupo como Nacha Pop.

Con este panorama como marco, Rincón Striper comienza su andadura en 1990. Cinco amigos del Instituto con afinidades musicales más o menos comunes que empiezan a reunirse, a ensayar de forma informal y a darse a conocer en los festivales de Navidad que se celebraban en el Cine Central y en la Sala Pax.

Lo cierto es que el Instituto constituyó un caldo de cultivo excelente en el que surgieron algunos grupos durante los años 80 y 90. En esta época, en el Instituto se cocían cosas verdaderamente interesantes. Y no solo relacionadas con la música. A mediados de los 80 surgió el fanzine The ConLimón, cuyos autores Ángel y Calero (a veces firmaban como AngeliCal) tuvieron el acierto de reunir en sus páginas un producto en el que se daban la mano la literatura, la poesía y el humor gráfico. Un fanzine fresco y divertido que en clave local ofrecía a los estudiantes aspenses de Bachillerato y COU algunos guiños de la cultura no oficial. Luego le seguiría El Rápido, continuadora de la estela dejada por The Conlimón y cuya aparición era esperada por los estudiantes como si de un acontecimiento cultural se tratase -en realidad lo era-, con una cantera de literatos y dibujantes verdaderamente interesante.

Ese era el ambiente cultural que reinaba en el Instituto cuando Ángel, Javi, Pavía, Ernesto y Moreno decidieron montar el grupo. Apenas eran unos quinceañeros. Como casi todos los grupos que comienzan, empezaban a aporrear sus instrumentos con más intuición que conocimientos. Excepción hecha de Ernesto, que venía de la banda del Ateneo Maestro Gilabert, ninguno de ellos había tenido experiencias previas en el mundo de la música.

El origen del nombre hay que buscarlo precisamente en una de las escasas fuentes de financiación que los chicos de aquellos años teníamos para poder adquirir instrumentos. ¿Quién no ha puesto bolsos, en el duro mes de julio de los años adolescentes y la primera juventud, con el fin de ganar algún dinero con el que sobrevivir el resto del año con algo de holgura? Poner bolsos era y es una actividad difícil, por los rigores que la canícula impone y por las propias características del trabajo. De pie si el cepo de la uva va emparrado o sentado si es espaldera. La vid era el último y único anclaje que los jóvenes de aquel tiempo tuvimos con la sociedad rural que había sido Aspe y que ya empezaba a ser residual. Un rompe espaldas en todo caso. El grupo de amigos y conocidos en el que ponía bolsos uno de ellos -Javi Mira- se hacía llamar Los Striper, y como comenzaron a ensayar en la Casa Vieja, propiedad de los padres de Ángel que estaba situada en la rinconada de la calle Teodoro Alenda -justo al lado de lo que es hoy Mentha-, decidieron llamarse Rincón Striper. Un nombre que a nadie convencía pero que, a falta de uno mejor, quedó constituido como el nombre oficial del grupo.

El liderazgo de la banda correspondía a Javi, el bajista, un par de años mayor que el resto de componentes. Él llevaba la iniciativa y tiraba del carro cuando tocaba hacerlo. Su casi mayoría de edad le otorgaba galones para tomar decisiones y diseñar la hoja de ruta del grupo. Pavía fue sustituido enseguida en la voz por Sergio Mira, un cantante de porte y perfil macarra, desde que lo recuerdo enfundado en sus pantalones de cuero negro, con una melena negra recogida en una coleta que acentuaba su arrogancia varonil y un poco demodé ya para la época. Su voz era grave, vacilona, sufriente, muy influenciada por cantantes como Loquillo, Jesús Cifuentes de Celtas Cortos o Toño Martín de los Burning. Fue Sergio quien otorgó la personalidad de los primeros tiempos a Rincón Striper. Su voz y su estilo conferían un marcado carácter al grupo, que se movía por las aguas templadas y plácidas del archiconsabido sonido del pop nacional ochentero.

2 Ángel y Álvaro durante una actuación en el Cine Central

Ángel y Álvaro durante una actuación en el Cine Central

Ángel Boronat fue el único miembro estable del grupo desde su creación en 1990 hasta su disolución, en 1994, para fundar ese mismo año Alternative Scream, continuación lógica de Rincón Striper. Ángel era el guitarra y más tarde, cuando Sergio abandonó la formación, también puso la voz, principalmente porque nadie quería asumir esa tarea. Él tenía una voz ronca, muy a lo Kurt Cobain. Era solvente con la guitarra, y siempre anduvo en la búsqueda de algo difícil de conseguir, ser melódico y cañero al mismo tiempo. Álvaro Moreno tocaba también la guitarra. Influenciado por Los Secretos, aportaba la parte más pop y dulce del grupo. A la batería estaba Ernesto Puerto, el músico del grupo. Todo destreza y habilidad, él proporcionaba la medida del ritmo, el estricto compás. Suele pasar que en manos del baterista está siempre la regla precisa, la sincronía del tiempo, y Ernesto esto lo llevaba con elegancia y profesionalidad. Tras su marcha de Rincón Striper, siguió formándose en la percusión y durante varios años recorrió medio país tocando en grandes orquestas. En los últimos tiempos ha colaborado con el grupo Gatos Pardos, un proyecto de música folk que suena mucho a cantautor de los años 70, salpimentado con música étnica. Para Ernesto la música se ha convertido en un medio de ganarse el sustento, la meta de mucha gente que desea vivir de lo que le gusta.

Rincón Striper – You were my love

Esta primera etapa duró hasta finales de 1992. Casi tres años en los que grabaron un total de tres maquetas en las que se evidenciaba el cambio que fueron experimentando, y unas pocas actuaciones en las que se fueron curtiendo como músicos.

En 1990 aún sonaban los ecos de la mayor parte de grupos que formaron parte de la movida madrileña. La mitificación de que fue objeto la corriente estético-musical de la capital española tuvo su corolario, entre muchas otras cosas, en una serie de álbumes recopilatorios que sacó a la luz el sello DRO y que recibió el nombre de Edad de Oro del Pop Español, en donde se recogía una selección de las supuestas mejores canciones de la época. Creo recordar que aparecieron al menos 10 discos. Hay que decir que muchas de las canciones eran un auténtico comistrajo impresentable, y su presencia estaba justificada únicamente por su pertenencia a la corriente. Tampoco hay que olvidar que una de las características de la movida era la frescura y la inmediatez, y bajo ese envoltorio aparecieron grupos que no pasarían sin vergüenza la primera criba en cualquier concurso de grupos actual. Algunos de aquellos grupos de principios de los 80 aprendieron a tocar, maduraron lo suficiente y el éxito de su fórmula los catapultó a la fama. Lo que había formado parte de la cultura underground se convirtió rápidamente en cultura oficial, y pronto las nuevas claves sonoras pasaron a ser el canon que guiaba el gusto del público. Así que una buena parte de los grupos que surgieron a finales de los 80 estaban sometidos a los efectos subyugantes de El Último de la Fila, Los Secretos, Loquillo, Gabinete Caligari, Radio Futura o Nacha Pop, por citar solo algunos ejemplos.

Cada uno de los integrantes de Rincón Striper llegaba con su listado de grupos favoritos debajo del brazo, en el que descollaban las melodías melancólicas de los hermanos Urquijo, y enriquecido por la influencia de grupos internacionales como Dire Straits o Genesis y de solistas como Phil Collins. Nada nuevo bajo el sol.

La primera formación de Rincón Striper anduvo, como la mayor parte de las bandas que hemos tratado y vamos a tratar, perdida entre el desconcierto propio de la juventud y las múltiples referencias musicales entre las que se movía. A todo lo cual habría que añadir la perturbadora elección de dejarse influir por una banda local. Los miembros de Estancia en Bohemia éramos mayores que ellos, habíamos comenzado antes y ya nos habíamos dado a conocer públicamente cuando ellos inician su andadura. No sé en qué medida, pero parece que debimos causar una buena impresión en ellos. La razón debe pertenecer a un orden superior e insondable que nadie puede explicar, porque éramos unos diletantes y seguro que no entraba en nuestros planes ser referencia de ningún tipo. Venían a vernos a los ensayos, se hicieron una sesión de fotos promocional en el mismo lugar -la Cerámica de Cervera- en el que nos la hicimos nosotros, y hasta hacían las mismas versiones. El caso es que se miraban en un espejo que les devolvía una imagen deformada de sí mismos. Debían creer que éramos la hostia en bote, cuando en realidad pertenecíamos a la misma naturaleza del principiante, del amateur de buena voluntad, del parvenu que piensa que el talento y las buenas canciones llegarán con el paso del tiempo. A ellos, y a nosotros, solo nos podía redimir el trabajo incansable, pero eso no lo sabíamos entonces, claro.

3 Actuación de Rincón Striper en el Instituto. Aparecen Sergio, Ramón Cerdán al bajo y Álvaro Moreno a la batería

 Actuación de Rincón Striper en el Instituto. Aparecen Sergio, Ramón Cerdán al bajo y Álvaro Moreno a la batería

4 En este concierto, Álvaro Moreno sustituyó en la batería a Ernesto Puerto, quien sufrió un accidente en su mano

En este concierto, Álvaro Moreno sustituyó en la batería a Ernesto Puerto, quien sufrió un accidente en su mano

 

Estancia en Bohemia y Rincón Striper actuamos juntos solo una vez. Fue en el concierto celebrado en el campo de Ernesto Mira, en la carretera de La Romana. Era una de aquellas fiestas privadas que por esos años tenían lugar en los chalets del término municipal de Aspe y que saludaban el inicio de la primavera o el verano con el creativo y sugerente título de Hola Verano y Hola Primavera. Yo solía asistir con mis amigos a las fiestas que organizaba Domingo Cervera en su campo. Bebíamos cubatas de ron por un módico precio y veíamos a la gente guapa que allí se reunía. Éramos jóvenes y desenfadados, y el alcohol -mucho más que el Red Bull- nos daba alas. Pues bien, en una de esas fiestas nos contrataron para tocar juntos a dos de los grupos de moda en Aspe -había tres en total, creo recordar, y el tercero era Tierra Prometida-. Cinco o seis temas por grupo. Nos pusimos nuestras mejores galas -el evento no merecía menos- y allí nos plantamos. El Pato ponía su equipo y antes del concierto animó el cotarro con canciones de Queen, Dire Straits y puede que Supertramp y Bee Gees. Rincón Striper tocó primero. Después de una breve presentación realizada por Carlos Bonmatí, dieron comienzo los primeros compases de un tema instrumental. Su repertorio estaba formado por sus temas más conocidos –La soledad; El puente; La heroína; Mi táctica-, más una versión de The Kinks, All the day and all of the night, que tocábamos habitualmente nosotros y que ellos, oh, fatalidad, no llevaban demasiado bien preparada. Cuando llegó el momento del estribillo, el público, compuesto por amigos y colegas y envalentonado por la fuerza que dan los gin-tonics y la cerveza, coreó como un solo hombre un Manolo the night rockero y cañí, en lugar del And all of the night pertinente.

La soledad – Rincón Striper

La heroína- Rincón Striper

Como todo colectivo humano, un grupo es una organización en la que afloran problemas y tensiones producidos por los egos de sus componentes. No hay que olvidar que un grupo es un espacio de expresión en el que se dan cita personas que -en mayor o menor medida- creen tener hipertrofiado su sentido artístico musical. Esto es, un don que les ha proporcionado la naturaleza. Esa presunción es causa de desavenencias y produce asimetrías personales cuyas consecuencias acaban por minar el espíritu de equipo y el consenso necesarios para hacer música. La prevalencia de esta característica en casi todos los grupos hace que el nivel de deserciones sea muy grande. Y cuando uno sale, entra otro. Que se acomoda más o menos a las jerarquías establecidas de antemano según el grado de talento o la personalidad de cada uno -o las dos cosas a la vez-, y que permanece hasta que una nueva tensión aflora. El grupo es un laboratorio social de primer orden, y estoy seguro de que un programa de tele realidad mostrando sus entrañas daría mucho juego en la pantalla.

Rincón Striper no era ajeno a estas singularidades del homo socialis, así que en sus cuatro años de existencia vivió entradas y salidas de miembros hasta quedar en la formación estable que daría pie a Alternative Scream en 1994, seguramente el grupo aspense que más de cerca experimentó el éxito.

5 Directo en un pub de Pinoso

Directo en un pub de Pinoso

6 César, Ángel, Ernesto y Ramón en el Bloke Indie

 César, Ángel, Ernesto y Ramón en el Bloke Indie

7 Posando en los exteriores del Bloke Indie

 Posando en los exteriores del Bloke Indie

A partir de 1992 comienzan los cambios en el dibujo de la formación original. Javier Mira, el bajista, sufre un accidente en el pulgar y se ve obligado a abandonar la formación. En su lugar entra Ramón Cerdán, el Baci, al que realizan una especie de prueba en su propia casa para confirmar su valía. Algo más tarde, se producen cambios igualmente importantes en la guitarra y en la batería. Álvaro es sustituido en la guitarra por César Cantó, quien por su trabajo en Tele Pinós conoce perfectamente los entresijos del mundo de la imagen y el sonido. Sergio abandona la formación y es Ángel, a regañadientes, quien se ocupa de cantar. Por su parte, Ernesto se marcha al verse obligado a elegir entre Rincón Striper y su trabajo de fin de semana con la orquesta Tentación, y le sucede a la batería Jorge Valero. Las incorporaciones de Ramón, y más tarde las de César y Jorge, provocan un giro copernicano en el estilo de Rincón Striper. Desde los ritmos poperos de su primera época hay una transición que aparece protagonizada por la influencia de grupos como Leño o Siniestro Total, y que representa el cauce necesario para llegar al descubrimiento de las guitarras distorsionadas y la energía apabullante del grunge. El lanzamiento en 1991 del disco de Nirvana Nevermind supone un descubrimiento para ellos, y enseguida quedan cautivados por los sonidos de la Generación X. Pixies, Pearl Jam, el propio grupo liderado por Kurt Cobain, pero también Australian Blonde, El Niño Gusano o el Inquilino Comunista son algunos de los grupos que los miembros de Rincón Striper siguen con atención. Rock indie o noise pop son términos que cristalizan en estos años para designar no tanto un estilo -que también- sino una forma de entender la música, distanciada de los itinerarios comúnmente aceptados y en las antípodas de lo comercial. Guitarras distorsionadas, cultura underground, lo indie y lo alternativo eran una apuesta genuina que pretendía combatir el modelo oficial, y que con el tiempo acabó siendo fagocitada por el sistema.

Rincón Striper comienza a ofrecer conciertos a lo largo y ancho de toda la provincia, esta vez ya con un registro musical diferente, bien lejos de aquellos primeros presupuestos sonoros. Abandonan el castellano como lengua vehicular de sus canciones, e inauguran una época en la que se sumergen en lo que ellos llaman aspinglish. La seriedad con que abordan esta nueva etapa les lleva a plantearse nuevos retos, y para eso es imprescindible una rigurosa agenda de ensayos y de conciertos que llevan a la práctica con un sentido de la responsabilidad envidiable. Rincón Striper tiene ya poco que decir. O mejor dicho, tiene mucho que decir, pero es hora de empezar un nuevo camino. Con miembros nuevos, estilo diferente, con un horizonte por descubrir y, como no podía ser de otra manera, con un nombre nuevo, Alternative Scream. Una página brillante de la movida musical aspense que merece un capítulo propio.

8. Rincón Striper en el Bloke Indie

Rincón Striper en el Bloke Indie

 

 

Quiero expresar mi agradecimiento a Ángel Boronat y a Ramón Cerdán, quienes me han facilitado toda la información que he precisado para la elaboración de este artículo, así como todo el material gráfico y audiovisual que aparece en él.

3 Comments

  1. Es fabuloso recordar aquellos años de los grupos de Aspe,
    en los que yo me incluyo con el grupo ” Fraude Fiscal” y había diversidad
    y muchas ganas de hacer ruido musical ” nuevas creaciones” merecía la
    pena perder horas de ensayo para luego divertirnos con los amiguetes en un
    campo ohh incluso cuando nos concedían una participación el ayuntamiento.

  2. Que recuerdos el Manolo the night , jajaj. Cuando escuché el original de los Kinks no me lo podía creer.
    Grandes recuerdos.

  3. Ver las imagenes del concierto en el instituto ha sido como volver al mismo, enseguida ha vuelto a mi mente aquella noche… uff como dicen aqui, “El tiempo no para en balde”

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