Cultura independiente — 22 Julio, 2014 at 7:59 am

La programación de las fiestas patronales de 1974. Un ejemplo del cambio social en los años finales del franquismo

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Portada del programa de fiestas patronales del año 1974.

José María Candela Guillén

Los que estamos interesados en todo aquello relacionado con Aspe, los fetichistas de lo local, solemos guardar todo lo que se publica de nuestro pueblo. Folletos, hojas volanderas, estampas, fotografías, revistas y libros. Yo mismo conservo cerca de una veintena de cajas archivadoras repletas de todo tipo de papeles relacionados con Aspe. Uno se hace así la ilusión de que puede poseer el espíritu y la esencia del trozo de realidad sobre el que ha elegido reunir y recopilar. La razón esgrimida para atesorar estas cosas no es, desde luego, científica, sino sentimental. Reconozco que esto casi es peor que ser coleccionista, lo que, como todo el mundo sabe, es una patología de diagnóstico reservado y difícil cura. Un coleccionista tiene su rango de búsqueda perfectamente definido, pero los tipos que guardan objetos por amor a sus raíces no le hacen ascos a nada. Y digo que es peor porque te obliga a estar en completo estado de alerta, esperando que no se te escape el último número de La Jira, o el último y más actualizado plano de Aspe y su término municipal. Hasta los panfletos políticos conservo.

Más complicado es encontrar, sin embargo, documentos que aparezcan en otro soporte diferente al papel o al cartón. Es muy raro, por ejemplo, hallar un archivo sonoro o fílmico que no sea reciente, ya que eran muy pocos los que podían permitirse una cámara que grabara imágenes en movimiento o magnetófonos que registraran sonido, y muchos menos los que las utilizaran para otra cosa distinta que para grabar a su familia o amigos en el período estival en el lugar elegido para las vacaciones.

Por esa misma razón mi sorpresa ha sido doble. A mis manos ha llegado recientemente un archivo de audio que contiene la programación de las fiestas de la Virgen de las Nieves del año 1974. La grabación original está en soporte cassette y procede de un programa radiofónico de 8’24’’ de duración. En ella aparece una completa presentación por ámbitos (no por días, como pudiera pensarse) de todas las actividades contempladas en el programa de fiestas correspondientes al año 1974. Debió emitirse unos pocos días antes del comienzo de las mismas. Responde a ese esquema de voz de No-Do que tenían todos los locutores del Régimen. Un poco a lo Matías Prats padre. Una voz macho, tonante y bien timbrada, como la de esos héroes de la Formación del Espíritu Nacional que los chiquillos de la posguerra tuvieron que aprender para conocer mejor la España gloriosa del Imperio.

Anuncio radiofónico con la programación de las fiestas patronales del año 1974. Extraído de la página del Podcast de Juanma

Cambio social

El documento sonoro parece que viene a constatar, con su aparente tono de antigualla léxica, el profundo cambio que estaba experimentando la sociedad española en los años finales del franquismo, también en el ámbito de las fiestas. La única alusión –y esta es bastante relativa- a los actos rituales religiosos de las fiestas de ese año es la del recibimiento del pueblo a la Virgen el día 3 de agosto. El resto de los actos reseñados en el anuncio -es decir, todos- tiene que ver con lo que algunos autores han denominado ludismo omnipresente, esto es, actividades vinculadas con el teatro, zarzuela, actuaciones musicales, competiciones deportivas, pasacalles, espectáculos infantiles y fuegos artificiales, que en las últimas décadas han desplazado –aunque no del todo, y mucho menos en Aspe- a las ceremonias religiosas en la oferta festiva.

La programación completa de las fiestas en formato papel sí incluye todas las ceremonias litúrgicas organizadas por la Iglesia. Misas en memoria de los fallecidos, misas por los recién nacidos, comuniones generales, día de Acción Católica, procesiones, vigilias de la Adoración Nocturna, novenarios o misas pontificales salpican cada uno de los días en que la patrona permanecía en Aspe. Ese año y cualquier otro, hasta hoy. Siempre con la presencia de algún preboste eclesiástico de primera magnitud -obispos, capellanes castrenses- y por supuesto acompañados de los jerarcas del Régimen, con gobernadores civiles y autoridades locales a la cabeza.

Podríamos pensar que la ausencia de cualquier rastro relacionado con la religión en ese documento sonoro hay que achacarla más bien al código impuesto por el lenguaje radiofónico. Es hasta cierto punto lógico que, tratándose de un anuncio de la programación de las actividades festivas para ser emitida en la radio, con toda probabilidad de difusión provincial, no se mencione ni uno solo de los actos litúrgicos que se celebraron en Aspe en aquel 1974. Seguramente, no tiene sentido anunciar en un medio como la radio una serie de ceremonias religiosas que solo poseen significación para los aspenses. Las misas, ya se sabe, son iguales en Aspe que en Monóvar o en Elda, pero el anuncio de la actuación de Los Pekenikes o Mocedades sería capaz de atraer a un público proveniente de cualquier rincón de la provincia, y eso lo sabían en la Concejalía de Fiestas, que pusieron todo el empeño para dar lustre a unas fiestas que vendían una cierta imagen de Aspe moderna.

En cualquier caso, el documento sonoro hace patente una realidad que solo veinte o treinta años atrás, en la primera posguerra, hubiera sido impensable. La influencia y control que en esa época la Iglesia ejercía en casi todos los órdenes de la vida hacía posible una estructura de fiestas organizada según los criterios de la jerarquía eclesiástica, en un tiempo en que los términos fiesta, religiosidad popular e Iglesia iban indefectiblemente unidos. El progreso social y económico que vive el país a raíz del desarrollo económico de los años 60 iba a traer, sin embargo, nuevas prácticas festivas en las que el peso de la sociedad civil impondrá una sutil separación entre religión oficial y religiosidad popular, cada vez más marcada. Eso no significa que la Iglesia haya sido apeada por completo del espacio festivo. Ni mucho menos. Mantiene el territorio de la devoción trascendente, que no es poco. Lo del fervor popular pertenece a otro registro. El sociólogo Manuel Delgado, en su libro De la muerte de un dios. La fiesta de los toros en el universo de la cultura popular, dice textualmente: “En Aspe (Alicante), yo he oído gritarle a la Virgen a su paso: ¡qué cara putica tienes!”. Juro que fui el primer sorprendido. Al margen de este tipo de manifestaciones espontáneas de efusión, marginales y aisladas, lo cierto es que religiosidad popular e Iglesia caminan en no pocas ocasiones por terrenos diferentes, con lenguajes y formas que poco o nada tienen en común. Las prácticas festivas de la modernidad demuestran, en definitiva, la pérdida del monopolio de lo sagrado por parte de las religiones instituidas.

Fiesta y turismo

Volviendo al contenido de la grabación radiofónica, y en ese afán por parte de las autoridades civiles de dotar a las fiestas patronales de un aire nuevo, en un proceso de espectacularización de la fiesta, comienza a primar la calidad de la oferta, la introducción de productos que hagan destacar a Aspe por encima de los municipios vecinos. El esfuerzo inversor de los ayuntamientos es reflejo, qué duda cabe, de un tiempo en que la fiesta adquiere un rango de relevancia notable en virtud de sus posibilidades de atraer turismo. Así, el impulso revitalizador de la fiesta trasciende el marco de lo meramente lúdico para insertarse en un espacio vinculado al consumo de bienes culturales. La fiesta deja de ser exclusiva de la comunidad originaria para convertirse en objeto de consumo turístico; deja de ser la fiesta de todos para convertirse en fiesta para todos.

Lo que trasluce al resto de los municipios que nos rodea es y debe ser la calidad de las representaciones teatrales que traemos, las primerísimas figuras de la canción que somos capaces de contratar y, sobre todas las cosas, la cantidad y calidad de las actividades que somos capaces de organizar en los veintitantos días que dura la fiesta. Esto también forma parte del prestigio que Aspe puede adquirir con respecto a los municipios vecinos. Cuántas veces hemos oído decir a nuestros padres y abuelos la envidia que dábamos a los aficionados a la lírica de las localidades de la comarca y casi de la provincia entera cada vez que venía Alfredo Kraus a visitar Aspe, llevado de su amistad con algunos de nuestros paisanos. O de la colérica salida de tono del que fuera alcalde de Marbella, Jesús Gil, al conocer que el propio Kraus no iría a la ciudad malagueña por el compromiso adquirido con nuestro pueblo, que al parecer valía más que todos los millones que el presidente del Atlético de Madrid estaba dispuesto a poner encima de la mesa. Hoy estas cosas pueden sorprendernos, pero en su día fueron capaces de fortalecer, y de qué manera, el sentimiento de orgullo local. En la actualidad, y seguramente a otra escala, lo mismo puede decirse del festival Aspesuena, que con solo tres ediciones se ha convertido en el festival de música alternativa de referencia de la provincia. Con pocos medios y con carteles cada vez más relevantes, el Aspesuena es un hito anual al que cualquier aficionado a este tipo de música no puede ni debe perderse.

Espacio temporal de las fiestas

Hay que recordar, además, que la duración de las fiestas tradicionalmente estaba limitada a los tres primeros días de estancia de la Virgen en el pueblo, contando el día de la llegada. El día 5 de agosto, de esta manera, acababa la programación festiva de tipo lúdico y, aunque la Virgen permanecía aquí hasta el tercer domingo de agosto, la única referencia a la fiesta era la celebración litúrgica, de obligado cumplimiento moral para todo hijo de vecino. En la actualidad, y en un proceso que podríamos denominar invasivo, la programación de fiestas se llena con todo tipo de actividades lúdicas, desde prácticamente el último fin de semana del mes de julio -en que el pueblo ya huele a fiesta- hasta el último día en que la patrona permanece aquí. Tres semanas de fiestas que pueden tener justificación en el hecho de que se celebran bianualmente. Si hay fiestas únicamente cada dos años, es lógico -se tiende a pensar- que duren tanto tiempo. Y aunque es cierto que la semana grande aglutina al grueso de las actividades más importantes, no es menos cierto que en el pueblo aún perdura el aroma festivo, y las terrazas de la plaza Mayor aún se atestan de gente, resistiéndose a ponerle punto final al capítulo más importante del calendario ritual de Aspe. Hace unos años, el verdadero barómetro que calculaba la importancia de las fiestas era la presencia de los puestos ambulantes de baratijas y globos de Bob Esponja y Dora la Exploradora. Cuando ellos se marchaban, la decadencia de la fiesta lo invadía todo y ya podíamos despedirnos hasta el siguiente agosto del próximo año par. Ahora, sin embargo, el pulso de la fiesta se logra mantener gracias a una oferta que en los últimos días se completa con competiciones deportivas de interés provincial o incluso nacional, exhibiciones de ballet, aerobic o zumba, y espectáculos infantiles variados, desde teatro de marionetas hasta castillos hinchables y animación en general.

Por no hablar de la extensión temporal que ha adquirido la fiesta patronal. Las celebraciones se limitaban a cada año par, coincidentes con la venida de la Virgen a Aspe. La venida de la Virgen era, de hecho, un hito en la vida de sus habitantes. No era raro encontrar personas mayores cuya esperanza de vida se medía en virtud de la presencia de la patrona. “Ya veremos -decían- si te vuelvo a ver, Serranica”. Sin embargo, en los últimos años hemos asistido a un proceso en el que los años impares también se llenan de actividades festivas. Proceso en el que ha tenido mucha influencia la fiesta de Moros y Cristianos, la cual, con Virgen o sin Virgen, ha transformado radicalmente el calendario ritual local, con cuatro días de retreta, embajada, entrada mora, guerrilla y entrada cristiana (amén de las presentaciones de cargos festeros en las kábilas y cuartelillos de cada comparsa, que convierten las madrugadas dominicales de junio y julio en un paisaje sonoro verbenero de estruendo y canción ligera), a los cuales se añaden una serie de días previos y posteriores en los que también se organizan actividades culturales, deportivas y lúdicas. Las últimas en año impar, las del 2013, duraron desde el último fin de semana de julio hasta el día 15 de agosto. No todos los días había actividades programadas, pero la sensación de fiestas estaba en el ambiente. En esta dinámica de tensión entre religión, tradición, modernidad y secularización, no siempre excluyentes entre sí, ha tenido un papel de primer orden la fiesta de los Moros y Cristianos. La irrupción de esta fiesta en 1978, en plena Transición, acabó por confirmar el proceso de secularización de las fiestas de la Virgen. El abultado número de actos religiosos que había caracterizado hasta ese momento las fiestas de agosto quedaba así compensado con un festejo popular y de espíritu democrático que prácticamente desde sus inicios se convertiría en la celebración de mayor participación asociativa.

Los actos festivos de 1974

Analicemos ahora el contenido. Es cierto que en el programa de fiestas de 1974 aún resuenan ecos del franquismo, con actos de tinte folclórico, como los Coros y Danzas, creados en 1939 por la Sección Femenina de Falange con el objetivo de recuperar canciones y bailes tradicionales en trance de desaparición, y que nos hablan de la utilización ideológica que el Régimen hizo del folclore como expresión arquetípica e idealizada de los pueblos de España. En la programación aparecen asimismo actuaciones de zarzuela, cuya vigencia en la actualidad se mantienen como signo del gusto y la afición que una parte de la población aspense ha tenido por la lírica. Las actuaciones de las corales y orfeones, sociedades de aficionados al canto coral que proliferaron y que hoy perviven sin mucha diferencia con el pasado, han formado parte de la programación de las fiestas aspenses desde hace mucho tiempo. Por no hablar de la multitud de bandas de música que amenizan los pasacalles y los propios conciertos que sociedades musicales afamadas como la Banda Primitiva de Lliria o Santa Cecilia de Cullera ofrecen a los amantes de la música clásica y de banda. Los Festivales de España, que surgieron al calor del desarrollismo de los 60, supusieron la organización de ciclos musicales y teatrales con la intervención de las principales compañías nacionales. Las principales figuras del teatro y del bel canto español pisaron las tablas de los escenarios aspenses durante las fiestas de agosto, como José María Rodero, Manuel Dicenta, María Fernanda D’Ocón, José Tamayo o Alfredo Kraus.paginasprograma

Y al lado de todas estas manifestaciones de carácter más o menos tradicional, a partir de los años 60 las fiestas patronales comienzan a incorporar cantantes y conjuntos de pop de primera fila, cuyo éxito se ve favorecido por los programas radiofónicos dedicados a este tipo de música -antes de la aparición de la televisión-, así como por un cierto despegue del mercado del disco y de los equipos que los reproducían -los celebrados picús-. Reflejo del desarrollo económico y un cierto aperturismo cultural, en Aspe surgieron a partir de los años 50 y sobre todo de los 60 orquestas como la Juven Jazz, Danubio Azul, Troya de Aspe, Texas, Coimbra, Los Clíper, Mario y su conjunto, Los Dugans o Los Dianas, algunas de las cuales también tocaban en las fiestas patronales. Sin ir más lejos, la Juven Jazz tocó en varias ocasiones en las fiestas de 1968. El concepto del ocio estaba empezando a transformarse. Cantantes y conjuntos afamados vienen a Aspe a actuar, reclamados por un público local y provincial que ansía ver en directo a sus ídolos. Las arcas del Consistorio hacían un esfuerzo suplementario para traer a artistas conocidos, y los aforos del Parque Dr. Calatayud y de la plaza Mayor -entonces plaza del Caudillo- se llenaban para ver al Dúo Dinámico, Conchita Bautista, Carmen Sevilla, Betty Missiego o Mocedades.

A continuación, transcribimos el spot publicitario completo “Aspe en fiestas”, correspondiente a las fiestas patronales de 1974:

Del 2 al 25 de agosto, fiestas en Aspe. Aspe inicia sus fiestas bienales en honor de la Santísima Virgen de las Nieves el día 2 con el Pregón que este año estará a cargo de don Leocricio Almodóvar Martínez, comandante de Estado Mayor del Ejército del Aire, Agregado Militar-Adjunto a la Embajada Española de Bonn en Alemania.

El día 3, jubiloso recibimiento del pueblo de Aspe a su patrona.

Aspe en fiestas con la programación más variada. Para pasacalles y conciertos están contratadas las siguientes bandas de música: Los Claveles, Ateneo Musical Maestro Gilabert, Unión Musical Algueñense, La Artística de Monóvar, Unión Musical de Almoradí, Unión Musical y Artística de Sax, Arte Musical de Rafal, Unión Musical de Dolores, Santa Cecilia de Cullera y Banda Primitiva de Líria. Además de bandas de cornetas y tambores y majorettes Santiago Apóstol de Guardamar.

Dentro de la programación de Festivales de España que Aspe presenta en sus fiestas, pueden encontrar los días 12 y 13 teatro, con la compañía Miguel de Cervantes al frente de la cual se presentan José María Rodero, Arturo López, Rafael Navarro y Charo Soriano, con las obras A dos barajas y Juno y el pavo real.

El miércoles día 14 en el recinto de festivales gran gala artística con Carmen Sevilla, Augusto Algueró y su orquesta, Joe Rígoli y la Negra Grande de Colombia.

El jueves día 15 habrá un gran concierto por la Banda Primitiva de Líria. Y los días viernes 16 y sábado 17 zarzuela, Compañía Lírica Nacional, Antología de Serrano, La verbena de la Paloma y Gigantes y Cabezudos. Además, en el mismo recinto de festivales, actuarán, el día 6 el Orfeón Fernández Caballero. El 9, Coros y Danzas de la Fuensanta. El día 18, la Coral Crevillentina de Educación y Descanso. El día 23, el Grupo Lírico del Orfeón de Monóvar en El último romántico. Y el día 20, el Orfeón Aspense y su grupo guitarrístico.

También para los pequeños, en el recinto de festivales y en el Parque del Dr. Calatayud, Aspe programa teatro guiñol del 6 al 11 de agosto. El día 11 es el día del gran desfile de carrozas. Y a las 12 de la noche, la Alborada. La gran exhibición pirotécnica en honor de la Santísima Virgen de las Nieves.

Entre los actos deportivos que Aspe programa en fiestas, destacaremos el Concurso Provincial de Petanca, que tiene lugar el día 18, y el trofeo Ciclista Virgen de las Nieves programado para el día 11. Después de la gran resonancia que tuvo hace dos años el Concurso de Ornato y Embellecimiento de calles, también se dispondrá para este año de diversos premios y verbenas populares a los mejores barrios y calles engalanadas.

Para las verbenas de Aspe en fiestas programadas en el Parque Dr. Calatayud a las 12 de la noche, lo más popular actualmente del mundo artístico. El día 3, Mocedades y Jairo. El día 4, Los Pekenikes, Arena Caliente y Betty Misiego. El día 5, Pino Donaggio y Rumba 3. El día 8, Rosa Morena. Y el día 10, Luc Barreto, Tony Landa y Teddy Bautista y Los Canarios.

Como conjuntos para poner ritmo a las verbenas, los siguientes: Los Singuel, Los Mover’s, Tony Arcos, Los Wacual, Orquesta Amanecer y The King Boys.

Aspe en fiestas, del 2 al 25 de agosto.

Quiero agradecer a mi primo, Juan Manuel Mas Candela el envío de este fantástico material, previamente digitalizado. Y a su padre, mi tío Manuel Mas Candela, que tuvo el detalle de grabarlo hace cuarenta años. También a Robert Martínez, que me facilitó la cita del libro de Manuel Delgado. Y a Gracia Torres, que ha tenido la amabilidad de facilitarme el programa de fiestas de 1974 en formato digital.

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