Callejero, Tinta antigua — 31 Julio, 2014 at 8:06 am

El origen de un barrio: las Casicas de Don Jesús

Fig 1 Fotograma aéreo de 1956. Se observan cuatro manzanas construidas

 

Dedicado a todas las personas que un día abandonaron su hogar en búsqueda de nuevos retos en su vida

José Ramón García Gandía

A mediados de los años cincuenta se iban atenuando los sucesos de la guerra civil y el recuerdo de los hechos traumáticos en la población. Fueron los años del hambre, del estraperlo, del racionamiento, de las colas, del frío y de los sabañones. Comparativamente, la depresión posbélica fue mucho más intensa y larga que la de los países europeos afectados por la segunda guerra mundial: los valores del PIB per cápita no se recuperaron hasta 1952 con valores cercanos a los de 1935. Crisis que el régimen atribuía, utilizando la propaganda oficial, a “las destrucciones de los rojos”, al aislamiento internacional de España (“si ellos tiene ONU, nosotros tenemos DOS”, caricaturizaba Forges en sus Forrenta Años), y a las adversas condiciones climatológicas (“la pertinaz sequía”). Sin embargo, las pérdidas más graves, olvidadas por el régimen, fueron las de las vidas humanas. Incluso un personaje como Himmler llegó a aconsejar a Franco, durante su visita a Madrid, una política de menor rigor represivo y más favorable a la integración de la clase obrera en el nuevo Estado, si quería avanzar en la reconstrucción del país.

La década de los años cuarenta había sido terrible y confirmó el fracaso del experimento autárquico franquista. Así, en los años siguientes Aspe intentaba salir, al igual que el resto de poblaciones españolas, del aislamiento económico impuesto por el general Franco y que había sumido al país en una profunda crisis económica. Abandonado el nacionalsindicalismo, tras la victoria aliada en la segunda guerra mundial, el franquismo logró consolidarse con un fuerte vínculo ideológico con la Iglesia católica, utilizado para diferenciarse de las doctrinas políticas perdedoras en la gran guerra. El creciente anticomunismo de las potencias vencedoras dio lugar a una escalonada guerra fría que comenzó nada más finalizado el conflicto y que permitió el acercamiento de Franco a los EEUU. Y fue este acercamiento, acompañado por la concesión de préstamos y ayuda alimentaria, que culminó en los acuerdos de Madrid, el que propició una salida a la dificilísima situación que vivía nuestro país.

A escala local, a partir de 1953 comienzan a establecerse nuevas industrias que venían a sumarse a las que prosiguieron con su actividad tras la guerra civil, fundamentalmente de muebles y alpargatas. La agricultura de secano y la huerta, fueron el sustento económico de la población y, junto a estas nuevas industrias, contribuyeron al acogimiento de una inmigración procedente de zonas más desfavorecidas.

En el decenio 1951-60 solamente diez provincias presentaron saldos inmigratorios de un total de 1.013.218 personas. La provincia de Barcelona recibió un 43% de ese saldo inmigratorio y Madrid un 39 %. A la provincia de Alicante le correspondió el 4%, cerca de cincuenta mil personas emigradas y junto a Álava representaba, en esa época, una de las zonas recientemente desarrolladas en nuestro país. La siguiente década fue más indicativa: de un movimiento migratorio interior de cerca de cuatro millones de personas, casi ciento cincuenta mil se asentaron en la provincia de Alicante.

La capital de la provincia fue unos de los destinos preferidos junto con los núcleos industriales del interior que, gracias a este aporte de mano de obra, experimentaron un gran crecimiento durante estos años. Alcoi, Elda y, sobre todo, Elche aumentaron su población y su producción económica gracias a este incremento humano. Esta última población pasó de la cuarta posición provincial en 1900 con 27.430 personas (un 5,8% del total) al segundo puesto en el año 2001 con 222.422 (un 12,2%). La población de Aspe, a medio camino entre Elda y Elche y, además, de habla castellana, fue un destino asequible para familias que buscaban trabajo y una nueva vida.

Poblaciones de Almería, Granada, Jaén y sur de Albacete fueron el origen de muchos aspenses que un día optaron por abandonar su lugar de nacimiento. Emprendiendo una nueva vida en una población diferente, con una climatología menos adversa y con una incipiente demanda de mano de obra. Personas procedentes de lugares como Sabiote, Socovos, Balazote, Bogarra, Peñas de San Pedro, Albox, Caniles, Huéscar y otras, eligieron la provincia de Alicante y algunas de ellas el pueblo de Aspe para establecerse y, para ello, necesitaban nuevas viviendas para sus familias.

Fig 2 Fotograma aéreo de 1973

Muchos de estos emigrados procedían de la pedanía de Las Minas, al sur de Hellín. Enclave dedicado, casi exclusivamente al trabajo en la extracción del azufre. Este lugar llegó a contar con una población de más de 2.000 habitantes. Dispuso de una buena dotación de servicios como farmacias, cines, teatros, lugares de ocio, médicos… y alcanzó, sobre todo a finales del siglo XIX y principios del XX, una gran prosperidad. Sin embargo, esta prosperidad comenzó a truncarse. La falta de innovaciones tecnológicas y de capital para mantener la industria; las sucesivas disputas por su propiedad; la tradicional forma de explotación; y, por si fuera poco, su localización entre los ríos Mundo y Segura, que a su paso por Las Minas y en especial en época de verano generaba grandes plagas de mosquitos que obligaron a reducir las jornadas de trabajo a los meses de invierno. 1920 fue el año clave de un declive totalmente imparable, auspiciado principalmente por la entrada en el mercado mundial del azufre estadounidense, con una industria minera mucho más potente, moderna y de gran aparato comercial. Fig 3 Gráfico Población Aspe A esto se sumaron los conflictos sociales de los años 1929, 1930, 1932 y 1934, que sumaron huelgas y cierres patronales, que tuvieron sus causas en las malas condiciones de producción y en la salubridad del lugar, terminaron por lastrar la economía de la zona. Así, la producción minera fue disminuyendo poco a poco hasta su cierre definitivo a finales de la década de 1950, obligando a sus vecinos a la emigración hacia otros lugares.

En Aspe, la rápida afluencia de familias que llegaban al pueblo desbordó la capacidad de la población para su acogida. Muchos eran albergados por familiares y conocidos que se habían aventurado años atrás, a la espera de poder construir una vivienda para su familia y, en este contexto, surge en Aspe la primera urbanización destinada a viviendas y que acogió mayoritariamente a la población llegada de Las Minas: el barrio de Vistahermosa, conocido en la población como el barrio de Don Jesús.

En una época sin normas subsidiarias ni planes generales de ordenación urbana, con una ley de suelo rudimentaria, sin créditos y ajena, en sus primeros momentos, de ayuda municipal, comenzó la construcción en los terrenos del paraje denominado la Nía de una serie de viviendas que daría lugar en el futuro a uno de los barrios más populares de Aspe. Pero, ¿quién fue el famoso don Jesús?

Fig 4 Jesus OteguiJesús Otegui González de Mendívil, nació en Vitoria (Álava) en 1909. Participó en la guerra civil en el bando franquista y formó parte de la Jefatura Nacional de Prensa y Propaganda que el falangista Vicente Cadenas estableció en San Sebastián a partir de diciembre de 1936. El final de la guerra lo pasó entre las islas de Las Palmas y Tenerife y, a su término, se estableció en Valencia. Industrial con capacidad económica y, sin duda, emprendedor, compró una cerámica en Sax y otra en Aspe, detrás del Cuartel de la Guardia Civil hacia el barranco Mira que en el pueblo se llamó Tejera de Don Jesús. Allí, en una vivienda que había en la misma fábrica, pasaba la semana de lunes a viernes, viajando el fin de semana a Valencia con su familia. A excepción del mes de agosto, en el que toda la familia residía en Aspe.

La puesta en marcha de la fábrica y su producción de ladrillos coincidió con la necesidad de viviendas para acoger la creciente inmigración y tan solo hacía falta un promotor y un terreno donde construir. A falta de promotores con capital e iniciativa, fue el propio Jesús Otegui quien decidiera poner el proyecto en marcha. Aquirió una finca de algo más de cuatro hectáreas en la partida de la Nía, al sur de la población; un terreno elevado, en pendiente hacía el pueblo, aterrazado y plantado de almendros.

Las primeras casas comenzaron a levantarse, posiblemente, a finales de 1955 o primeros meses de 1956. En la foto aérea del vuelo americano, realizado en noviembre de 1956, ya aparecen, aunque incompletas, cuatro bloques de viviendas construidas. El terreno se adecuó eliminando las terrazas pero conservando la ligera pendiente hacia el pueblo. Posteriormente se configuró un trazado hipodámico con una calle central dispuesta de norte a sur y seis calles transversales, formando parcelas de unos 2.000 m2 donde se construirían las viviendas. Más tarde, se crearía una calle paralela a la principal, hacía el este y otra calle antes de llegar al barranco.

Las viviendas se iban habitando nada más terminar su construcción. Mientras tanto, seguían edificándose otras y pocos años después, a finales de 1962, el barrio ya estaba prácticamente terminado. En su desarrollo se pueden intuir tres fases:

La primera fase consistió en la urbanización de 16.820 m2. Se construyeron viviendas de dos tipos. Las viviendas del tipo A ocupaban una superficie construida de 67,70 m2, más un patio de 83 m2 y constaban de un vestíbulo, comedor-cocina, aseo, despensa y tres dormitorios. Las del tipo B tenían 75,48 m2 y un patio de 75 m2 con un vestíbulo, comedor-cocina, aseo, despensa y cuatrodormitorios. En total se edificaron 80 casas, destinando unos tres mil quinientos metros cuadrados a urbanización de calles y zonas verdes.

Fig 5 Detalle en 1973

Tras esta primera fase, las manzanas se dividieron en bloques 16 viviendas, 8 por hilada, una a espalda de la otra. De esta forma, en  la segunda fase se construyeron 48 casas. La tercera fase consistió en 5 bloques con 64 viviendas, más 3 parcelas que se destinaron a usos dotacionales. En estas parcelas dotacionales se ubicó un depósito de agua para abastecer a las viviendas del barrio, mientras que un solar de unos 2.000 m2 se cedió al Ayuntamiento, para que construyera un grupo escolar. Y así se hizo, las obras comenzaron en 1960 y las clases arrancaron en el curso 1963-64. El colegio pasó a denominarse Grupo Escolar General Moscardó, denominación al gusto de la época, que sería derruido en la década de 1990 quedando el solar habilitado como parque público. La última manzana se dedicó a la construcción de un almacén.

Las casas, levantadas con los ladrillos de la cerámica de “Don Jesús”, con un gran patio interior, a cota más baja o más alta dependiendo de su ubicación, recuerdan modelos de casas de otras zonas, como la castellano-manchega.

Una figura importante en la historia de este barrio fue la de José Puche Castillo. Años antes del comienzo de las obras en la Nía, Pepe Puche, operario de la cerámica de Jesús Otegui, sufrió un grave accidente laboral que terminó con la amputación de su pierna izquierda. El empresario, tras la reincorporación del trabajador, lo destinó a tareas administrativas en la cerámica, lo que derivó, poco tiempo después, en que se convirtiera en el hombre de confianza de Jesús Otegui en la población. Así, cuando comenzaron a levantarse las viviendas en el barrio de Vistahermosa, Puche fue el encargado de asignar los alquileres, de realojar a las familias, del cobro mensual y de cualquier tema relacionado con el barrio. El industrial apenas tuvo relación directa con los vecinos, y su presencia no era muy frecuente por el barrio. 325 pesetas costaba el alquiler mensual de las viviendas. Muchas familias siguieron con el contrato de alquiler y otras, pasados unos años, decidieron comprarlas.

En los primeros meses de 1958 gran parte del barrio ya se había construido. Sin embargo, la demanda de viviendas seguía, y se hacía necesario el ir dotando de infraestructuras. Así, en el acta de pleno de la sesión correspondiente al 31 de marzo de 1958, el alcalde Julio Almodóvar Botella, da cuenta de las conversaciones mantenidas con Jesús Otegui como promotor de las viviendas protegidas construidas en la partida de La Nía, con el fin de abastecer dicha zona de agua potable y demás servicios sanitarios, así como el de llevar a efecto una amplia zona de urbanización.

Dos meses más tarde, el 8 de mayo de 1958, el promotor comparecía en el Ayuntamiento y presentaba un convenio para su firma con el Consistorio.

Fig 6 El Barrio de  Don Jesus hacia 1970

El documento hacía referencia a que el citado industrial había llevado a efecto la construcción de un grupo de viviendas, en la zona denominada La Nía, y que precisaba dotarlo de los servicios públicos necesarios: abastecimiento de agua potable, alcantarillado y suministro eléctrico. Así como su unión al casco urbano de la población por medio de la prolongación desde la calle del Calvario (hoy Barítono Almodóvar). Para ello, el industrial adquiría los siguientes compromisos:

a)      instalación de un depósito abastecedor de agua de capacidad de 100.000 litros, que habría de situarse en la parte inferior del grupo de viviendas, al final de la prolongación de la calle Calvario, y de otro depósito regulador, de capacidad de 50.000 litros en la parte más alta para regular el abastecimiento de agua con destino a las viviendas construidas. Ambos se construirían en terrenos de su propiedad pero solicitando la intervención técnica del arquitecto municipal y siendo de su cuenta los gastos de conducción del agua del depósito nodriza al regulador.

b)      Adquisición y derribo de la casa nº 27 de la calle del Calvario, propiedad de la viuda de Pedro Aznar Candela, para establecer comunicación directa del grupo de viviendas con el casco de la población.

c)      Conexión del servicio de alcantarillado con la red general de la población a través de la calle Dos de Mayo.

d)     Encintado y urbanización total de todos los servicios de la prolongación de la calle del Calvario hasta el enlace con la vía principal del citado grupo de viviendas.

e)      Donación al Ayuntamiento de Aspe de una superficie de 2.000 metros cuadrados de terreno situado en el grupo de viviendas para la construcción de un Grupo de Escuelas Nacionales (el C. P. General Moscardó).

Todas las obras expuestas quedaban a nombre del Ayuntamiento, siendo por tanto los gastos de conservación a cargo de éste. Además, el Ayuntamiento debía adquirir una bomba de agua para la elevación del agua al depósito nodriza al regulador; tenía que proporcionar el caudal de agua necesario para el abastecimiento de las viviendas y hacerse cargo del cobro del servicio; y solicitaba, además, en compensación de los gastos ocasionados, la exención de los arbitrios y pagos de contribución de los terrenos afectados por aumento de valor tras la construcción de las viviendas mientras sean de su propiedad, ampliando dicho beneficio al primer adquiriente de ellos por un plazo de veinte años, quedando fuera de este acuerdo las enajenaciones siguientes al primer adquiriente.

Fig 7 Fases de urbanización

El acuerdo fue informado favorablemente por la Comisión Permanente al día siguiente, se firmó un día después y fue ratificado por el Pleno el 30 de junio de 1958.

 Con los servicios básicos adquiridos, el barrio comenzaba su andadura, aún separado del casco urbano por una zona sin urbanizar y sin alumbrado público. Además, se carecía de alcantarillado y las calles sin asfaltar rodeadas de campo se mostraban intransitables cuando llovía, al recoger el agua de lluvia de cotas más elevadas. Cuando la lluvia era muy intensa, el agua se iba acumulando en la zona más baja del barrio, junto a una pequeña elevación antes de llegar al casco urbano. Pero cuando el agua conseguía desbordarse podía llegar a inundar algunas casas del pueblo. La gente comentaba “ya se ha roto la Nía”.

Finalmente, el 6 de julio de 1979 se acuerda por el Pleno del Ayuntamiento la nueva urbanización con asfaltado y alcantarillado del barrio, a partir de la calle Millán Astray (hoy Barranco Mira), utilizando la primera estructura, rudimentaria, de alcantarillado realizada por los propios vecinos, si bien, de nuevo, el gasto repercutió en los bolsillos de los residentes, independientemente de la propiedad de las viviendas.

Fig 8 Plano vivienda tipo A

Fig 9 El barrio hacia 1976Pero la historia del barrio de Don Jesús también es la historia de sus gentes. Como hemos dicho anteriormente, prácticamente de la totalidad de sus vecinos vinieron de la pedanía de Las Minas de Hellín. Sus habitantes, curtidos en el duro y, en ocasiones, peligroso trabajo en las minas de azufre tuvieron que emigrar cuando éstas cerraron. Sin ahorros, pues los jornales apenas daban para que subsistiera una familia, el cabeza de familia partía en el ómnibus de la Requenense, en búsqueda de un nuevo trabajo para rehacer sus vidas. Dejaban atrás un trabajo duro pero también el recuerdo de una vida en comunidad, de amigos y familiares. En Aspe, encontraron trabajo y, aunque no fue generalizado, también rechazo social.

El drama de la emigración conjuga el abandono de tu hogar, de tus raíces con la dificultad para integrarse en una nueva realidad social. Pérdida de identidad, rechazo social, desarraigo, aislamiento y choque cultural tuvieron que ser superados por los nuevos habitantes del barrio de Don Jesús. La industria local necesitaba su mano de obra y ellos buscaban trabajo y aun así, sectores de la población les consideraron de segunda clase. Una reyerta a mediados de los años sesenta, entre un aspense y un forastero, pero ocurrida en el barrio, corrió como la pólvora y el lugar llevó a su espalda por un tiempo el sambenito de barrio de la Puñalá. La situación del barrio, algo marginal, separado del pueblo por solares sin alumbrado, su carácter sustancialmente obrero y su sentimiento de comunidad oriunda de Las Minas, arraigaron el problema durante los primeros años. Posteriormente, la integración de sus vecinos con el resto del pueblo fue extendiéndose paulatinamente, hecho que fue favorecido por la construcción del instituto de Bachillerato en la parte más alta del barrio y su unión al resto del casco urbano. Fue su definitiva integración urbana y social. Hoy en día es una zona residencial que goza de gran calidad de vida, tranquilidad, calles anchas y salubridad de vientos. Este barrio y sus vecinos son parte de la historia de este pueblo y son deudores, en parte, del desarrollo cultural, humano y económico de Aspe.

Fig 10 Vista actual

Agradecimientos: Pedro Montoya; Dioni Molina; Paloma Puche: Juan Otegui;María García Artero; Luis Gaona y Felipe Mejías.

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